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Marco Avilés: “Prácticamente, el Gobierno se ha estrellado hasta que no queda nada de ilusión”

Periodista y escritor señala que los más beneficiados con la actual crisis son los mismos políticos y empresas como Repsol que quedan fuera del escrutinio público.

Avilés admite que, durante la campaña, el actual presidente le despertó expectativa por la promesa de cambio profundo que parecía llevar consigo.
Avilés admite que, durante la campaña, el actual presidente le despertó expectativa por la promesa de cambio profundo que parecía llevar consigo.
Enrique  Patriau

El escritor y periodista, Marco Avilés, reflexiona en esta entrevista sobre el gobierno de Pedro Castillo. Admite que, durante la campaña, el actual presidente le despertó expectativa por la promesa de cambio profundo que parecía llevar consigo. Hoy, añade, la realidad que se aprecia es muy diferente.

Para alguien que ha dedicado tiempo y páginas a reflexionar y escribir sobre racismo y discriminación, imagino que Pedro Castillo representó, en cierto momento, una especie de esperanza o reivindicación. He leído recientes declaraciones suyas en las que refleja distancia frente a él y su gobierno. ¿Se ha decepcionado de Castillo? ¿O quizás estoy equivocado y nunca supuso motivo de expectativa?

No, como mucha gente durante la campaña de la segunda vuelta estaba hasta cierto punto entusiasmado por lo que podría significar este gobierno y también contagiado de cierto optimismo, cuando lo realista era que teníamos una opción -la única- que iba a enfrentar al fujimorismo. Mucha gente decía “oye, pero Castillo y Perú Libre no son necesariamente mucho mejor”, pero, sí, muchos nos entusiasmamos porque era una opción de izquierda que iba a recoger ciertas propuestas de reforma, que es lo que el Perú necesita. De hecho, en su discurso -de asunción- él estaba como tejiendo sobre esa ilusión. Lo que ha venido después es un desdibujamiento de esa ilusión. Prácticamente el gobierno se ha estrellado hasta que no queda nada de ilusión, en lo personal.

¿Nade de ilusión le queda?

Lo que podría esperar, siendo optimista, es que el gobierno reaccione y gobierne, no en el sentido de ganarle a la oposición, si no que se encargue de ejercer una política de transformación, reforma. Eso es lo que se espera en cualquier gobierno de izquierda.

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¿Usted sigue considerando al de Castillo como un gobierno de izquierda?

Me parece importante distinguir entre los discursos, los símbolos y los idearios de las acciones. Los discursos pueden ser exaltados, radicales… Cerrón va un poco por ahí, ¿no? Está todo el tiempo hablando de la transformación. Pero, la realidad, es Condori. Y la realidad es un desastre, particularmente a lo que se refiere a vacunación. Condori no es un ministro de Salud de izquierda. Me parece imposible leer su ideología. Está desmantelando el sistema de vacunación. Claro, hay personas que se ciñen al discurso y al ideario para calificar al gobierno de ultraizquierda, pero, de nuevo, se ve más uno de tipo continuista. Desde la política económica, es más un gobierno liberal caído en el caos.

¿Eso no podría ser entendido por un sector como un lavado de manos de la izquierda para desentenderse del problema?

Es una pregunta válida. Primero, el gobierno es difícil de leer porque no tiene una propuesta consistente y clara. No tiene discurso ni prácticas coherentes. En el ministerio de Economía hay una continuidad, inercia. Por otro lado, me es difícil de interpretar y decir “oye, esto es de izquierda”. Me parece que lo más justo es señalar que estamos ante un gobierno ganado por la necesidad de supervivencia, donde hay izquierda, políticas de derecha, todas mezcladas, sin claridad. Este gobierno va a tener un costo altísimo para la izquierda, por su participación en él. El desastre va a arrastrar a la izquierda hacia un futuro.

Lo de la supervivencia también lo dijo el historiador José Luis Rénique. Añadió que, por una serie de razones, se quiso ver en Castillo algo que se perdió. ¿Usted también quiso ver algo en él?

Totalmente. Para mí, el símbolo de Castillo fue un activo poderosísimo, disruptor…

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¿Por su origen cajamarquino?

Por venir de donde venía, por ser un profesor rural, arraigado, porque tenemos políticos como César Acuña que vienen del mismo sector, pero su éxito consiste en el desarraigo, en salir del lugar en el que nacieron para triunfar. Castillo era un símbolo súper complejo. Y, creo, el mismo gobierno se ha encargado de vaciar ese poder que tenía. Muchos vieron cosas en Castillo, porque en realidad él las encarna, es su historia personal que, siendo justos, él mismo vació. No es que la gente vio fantasías de la nada. Sin embargo, muchos tuvimos dificultad de leer cuál era la propuesta real, no de obras o proyectos, más bien ideológica. ¿Cuál es la ideología de esta persona?

¿La visión de que una ola reivindicativa y refundadora podía llegar de fuera de Lima se ha agotado con la experiencia de Castillo?

No, para nada. Y va a ser importante que quienes hacen análisis político mantengan alertas los sentidos. El Perú es enorme, es complejo, y se hace política en toda su geografía. Es como decir que con Forsyth se acaba la política venida de Lima. Con Castillo no se acaba la renovación de provincias. Hay mucha política que se hace fuera de Lima. Por ejemplo, en los conflictos sociales nacen muchos liderazgos políticos, aunque no logran trascender.

¿Por qué?

Porque la realidad que se vive en muchas zonas del país es una sometida a la violencia del Estado, como las luchas por los territorios en las zonas Awajún, o en Cocama, o en Arequipa o Puno. ¿Cómo esperamos que líderes o lideresas salgan así? Muchos dicen que la protesta está criminalizada. Si sales a reclamar posiblemente acabes en la cárcel. Eso me hace volver a este punto: la política en el Perú es terriblemente centralista, tóxicamente concentrada en Lima. Y va más allá de Castillo, porque él no ha podido cambiar el sentido de esa política. Él se irá, desaparecerá, y la política seguirá siendo igual mientras no se cambien…

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¿Patrones?

Sí. Sagasti salió con una propuesta interesante…

La de juntar firmas para impulsar un adelanto de elecciones vía referéndum.

Sí. Y yo me preguntaba, ¿a quién perjudica esta crisis y a quién beneficia? Perjudica a la ciudadanía en general de diferentes maneras y beneficia a los políticos. El estado de cosas beneficia a una clase política. Hay jóvenes que entran a la política…

¿Y que representan lo mismo?

Y entran en la misma dinámica, de ver la política como si fuera una guerra, un conflicto en el que básicamente tienes que eliminar a tu enemigo. Esa guerra beneficia a los políticos como especie…

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A esa especie de políticos. La política debería ser otra cosa.

Cuando le preguntas a alguien si entraría en política, la respuesta es casi como un tema sanitario: “no, nica…”. Y eso es porque está ganada por esta especie. Será muy difícil que se renueve bajo las mismas reglas. Por eso es importante pensar en alternativas de reformulación.

Entiendo, entonces, que para usted adelantar elecciones no sería más que una aspirina, no una respuesta central al problema.

Sí, porque adelantamos elecciones y este sistema va a producir cosas iguales o peores. El ejemplo de Chile es interesante para pensar en cómo hacer reformas colocando a la clase política que nos llevó a este estado en una pecera. Es decir, agarrar a todas estas figuras -los Acuña, los Telesup-, guardarlos un tiempo en una bolsa y generar un espacio en donde se pueda transformar la política con más participación de los ciudadanos. Por eso, la propuesta de Sagasti me parece algo sobre lo que se puede seguir discutiendo y construyendo. Pero hay límites: si las reformas van a pasar por el Congreso-Ejecutivo que tenemos ahora, vamos a hacernos viejos y nuestros nietos seguirán discutiendo.

Bueno, se viene discutiendo desde hace mucho. No es de ahora.

Sí, y a veces genera una sensación hasta física, de agotamiento, que lleva al pesimismo. Es natural. Creo que hay que mirar las cosas con cierta perspectiva. Para mí es importante señalar que la clase política se beneficia de esta crisis. Es el muladar en donde existen. También pensaba en cierto tipo de empresas que se benefician como Repsol, que produjo un desastre ambiental…

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Y queda fuera del ojo público.

Exacto. Lo más conveniente para una empresa que genera ese tipo de cosas es una crisis que está en todos los titulares, en las conversaciones familiares. Podríamos ver de qué manera esta forma de hacer política es muy conveniente para este modelo económico ultra rígido, por qué muchas personas se niegan a la posibilidad de cambiar una Constitución que se produjo en un gobierno que creó ese modelo y que representaba esta manera de hacer política: la guerra.

Ya que me toca la época de los noventas, ¿qué le sugiere la próxima salida en libertad de Alberto Fujimori?

Es complejo. Es, por un lado, desagradable. Finalmente, te das cuenta de que, a pesar de todo, la ley no se cumple cuando eres alguien poderoso. ¿Cuántas personas mueren en la cárcel y no discutimos sobre ellas? Esta liberación se produce muy a la Fujimori, ¿no? Con magistrados que uno no sabe bien qué están haciendo. Los argumentos de Blume, la verdad…

Sin embargo, y retomando lo que ha dicho antes, un sector podría decir que ya está bueno de tanto enfrentamiento, de tanta guerra, y que esta excarcelación acaso sea la oportunidad de que los bandos empiecen a dejar el tema atrás. ¿Qué responde?

Fujimori debe salir, si es que sale, pero de forma legal y transparente. No con la ayuda de jueces. Si se pretende algún tipo de reconciliación, para empezar, debe estar sobre la base de la legalidad. Yo dudo que la reconciliación esté ligada a Fujimori. Insisto, sigo pensando que este sistema político anima una forma de hacer política con poderes que están mordiéndose todo el tiempo y cualquier cosa que tenga cierto poder simbólico se convierte en algo mucho más grande de lo que es. Hay que ver a Fujimori en su justa dimensión, no agrandarlo. Es un preso que, si sale, debe hacerlo bien, con la ley.

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Es interesante lo de los dos poderes que se muerden. Claro, uno ve que se gritan, incluso que se insultan, y a la vez se percibe hasta entendimiento entre ambos.

Es verdad. Está lo del ministro Silva, en Transportes. Por eso, separo lo que los políticos hacen de lo que dicen representar. Por ejemplo, hay gente que dice que representa a la izquierda revolucionaria y que termina abonando a la miseria, porque apoyar a un sistema de transportes que genera muertos todos los días, no es apoyar a ninguna revolución, de ningún tipo.

Leí su artículo sobre “Hasta que nos volvamos a encontrar”. La película ha generado debate sobre temas como la apropiación cultural, el racismo o la exotización del quechua. ¿Por qué le parece problemática?

A mí me interesa la película como un fenómeno que genera una conversación. Me llamó la atención la manera en que las personas discutían en Twitter, sobre todo esa respuesta de “resentido” a quienes…

Critican la película.

Sí, porque dicen “oye, todos son blancos”, o “Cusco parece una publicidad de Marca Perú”. Y las respuestas eran del tipo “ustedes son unos resentidos”, “unos acomplejados”. La conversación que generó de alguna manera reproduce la forma en que se discute sobre política. Es una película hecha para divertir, sí, sin embargo, está llena de códigos bastante pesados, que la gente ha visto, como que falta diversidad, o que las personas quechuas no hablan. Para disfrutarla habría que poner entre paréntesis esos detalles, algo para lo que no todos están capacitados de igual forma. El tiempo pasa, ¿cierto? En los ochentas se vio Matalaché con este actor que se pintó la cara y bueno, ¿te imaginas que alguien haga “blackface” ahora?

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Sería un escándalo.

Y lo que ocurre ahora es que la gente advierte que, a pesar de que ha transcurrido tiempo, se siguen haciendo películas de una manera que ya parece de otra época. Hoy día (viernes) leí una crítica al remake del Príncipe del Rap, la comedia de los noventas, y decía que el hecho de que se produzcan en Estados Unidos tantas series y películas con directores y actores afroamericanos no es por generación espontánea. Es porque ha habido años de años de discusión intensa. Es verdad que hay exabruptos, pero este debate permitirá que más adelante las cosas ya no sean iguales, que se produzca algún tipo de cambio.

Ojalá.

Sí, bueno, en el Perú todo puede pasar. Siempre tenemos la capacidad de decepcionarnos un poco más. Hay que poner las cosas en la mesa y esperar lo mejor. Se me hizo interesante escuchar a personas que respondían a quienes pedían más representación en la película que no se trata de un documental sociológico. Y me puse a pensar: dos personas blancas en una comedia romántica es entretenimiento, pero dos personas marrones, ¿es un documental sociológico? Me parece necesario reflexionar la manera en que se debate sobre esta película y sus parecidos a cómo se discute en política. Hay que poner paños fríos. Creo que es la manera en que la política…

¿Nos lleva, nos jala?

Sí. Como que esta manera de discutir sobre política se está extendiendo. Podríamos hacerlo de otra manera, sin estar de acuerdo.

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Se habla bastante de la polarización afectiva, el rechazo o anulación del otro por pensar diferente a mí. Quizás es lo que nos pasa.

Y las redes sociales contribuyen mucho a eso. Es muy fácil soltar una opinión, pero es muy difícil responder a las críticas. Porque en redes sociales al otro lo quieres anular o desaparecer por pensar distinto, como si esto fuera un videojuego. Somos personas, no somos píxeles.