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Sodalicio: ¿cómo hizo la cofradía del sacerdote sodálite Baertl para construir un imperio económico a costa de sus sobrevivientes?

Controversia. Cómo se construyó el imperio económico del Sodalicio a espaldas del Vaticano. Dice un viejo refrán: “la ropa sucia se lava en casa”, pero en el caso de la cofradía del Sodalicio de Vida Cristiana –institución católica investigada por ser una organización criminal en Perú– se aplica con este agregado: la ropa sucia se lava y plancha fuera de ella y luego… regresa a casa.

Protagonistas. Jaime Baertl Gómez, Enrique Elías Dupuy, Eduardo Regal y Gonzalo Len Álvarez conforman la cofradía del Sodalicio en Roma. Foto: difusión/Sodalicio
Protagonistas. Jaime Baertl Gómez, Enrique Elías Dupuy, Eduardo Regal y Gonzalo Len Álvarez conforman la cofradía del Sodalicio en Roma. Foto: difusión/Sodalicio
Política LR

Por: Raiza Arroyo y Paola Ugaz

A principios del 2000, el primer sacerdote ordenado por el Sodalicio, Jaime Baertl Gómez, mojaba su puro en una generosa copa de coñac en el exclusivo restaurante La Gloria en Lima cuando un amigo que comía frente a él le comentó: “Jaime, qué costumbres más elegantes tienes”, a lo que el cura respondió: “Prefiero mojarlos en coñac que encoñarlos (sic) como hacía (el expresidente Bill) Clinton con la (Mónica) Lewinsky”.

De un brochazo conocemos las muchas caras de Jaime Baertl Gómez, sacerdote y jefe de la cofradía quien construyó un imperio económico y que a diferencia de sus pares en Francia trabaja con denuedo para esconder sus bienes y no reparar a las decenas de sobrevivientes del Sodalicio.

¿Cuál fue el manual del capitoste de la cofradía del Sodalicio para hacerse ricos? El imperio económico se hizo al transferir sus 7 cementerios en todo el país a las “Misiones”, personas jurídicas de la Iglesia católica, amparadas en el Concordato, tratado firmado entre el Vaticano y Perú en 1980, cuya administración depende al 100 por ciento del Sodalicio.

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Luego el dinero de estas actividades fúnebres es destinado a crear y financiar empresas con fines de lucro de propiedad de miembros de la cofradía, cuyas utilidades mueven fuera del país a través de varias offshores dirigidas por los sodálites Jaime Baertl Gómez, Juan Carlos Len Álvarez, José Ambrozic Velezmoro y Enrique Elías Dupuy; además de personas de la cofradía como Ary Alcántara Valdivia (del estudio Osterling) y Gonzalo Agustín Flores Santana.

Después, con el objetivo de traer el dinero al Perú, la Cofradía del Sodalicio vuelve a usar personas naturales allegadas a su cofradía, realizando operaciones sin ningún tipo de lógica comercial.

El dinero que debería servir para reparar a los sobrevivientes acaba en las manos de la cofradía del Sodalicio dirigido por el sacerdote Baertl, aficionado al puro, el coñac más exclusivo y la buena mesa donde el postre favorito son las galletas peruanas marca “Chaplin”.

Equipo. En los primeros fulbitos del Sodalicio: Jaime Baertl (segundo de arriba de derecha a izquierda), al lado izquierdo de Baertl, José Antonio Eguren y, a su lado, Emilio Garreaud. Foto: difusión

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¿Cómo operan?

Inversiones San José es el buque insignia de la cofradía del Sodalicio; la compañía en la cual se concentra el patrimonio y por donde pasan los flujos dinerarios del complejo entramado de sociedades tanto nacionales como offshores de la cofradía del Sodalicio o el pequeño y exclusivo grupo que pulula alrededor del sacerdote Jaime Baertl Gómez.

Así consta en la carta emitida por el Scotiabank del 2007 donde deja constancia que trabajan con Inversiones San José desde hace más de 15 años y son “testigos de la solidez financiera tanto de las obras educativas, así como de los cementerios y servicios funerarios que operan, canalizando en sus cuentas corrientes un movimiento de aproximadamente US$ 24 millones al año”.

El misterioso flujo del dinero se da en tres etapas:

Etapa 1. La donación ‘trucha’

En el Contrato de Donación de junio del 2000 suscrito por la Asociación Civil San Juan Bautista (representada por José Ambrozic Velezmoro y Raúl Guinea Larco) a favor de la Misión Cementerio Católico Parque del Recuerdo (representada por Juan Carlos Len Álvarez) y la intervención como garantes del Sodalicio (representada por José Antonio Eguren Anselmi y Eduardo Antonio Regal Villa) y la sociedad offshore Fundación San Ignacio (representada por Jaime Manuel Baertl Gómez), se estableció que los excedentes que obtenga la misión por realizar las actividades fúnebres serán utilizados para el fomento de las vocaciones, las actividades educativas y pastorales o cualquier otra actividad que esté de acuerdo a los fines del SCV u otros fines congruentes.

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De esta forma, ingresa el dinero de la actividad de “enterrar” realizada bajo el amparo del Concordato a la Asociación Civil San Juan Bautista, constituida en 1991 y que tuvo como presidente al arzobispo de Piura, José Antonio Eguren Anselmi, que formó parte del grupo encargado de la operación de donación.

Etapa 2: Tú me donas, yo te dono, nosotros nos donamos

El 6 de agosto del 2015, Inversiones San José S.A.C. constituida por los sodálites José Ambrozic Velezmoro, Juan Carlos Len Álvarez, adquirió una propiedad en Catacaos (Piura) por US$ 3.110.635,00 en virtud del mandato sin representación que fue ejercido por la anterior propietaria, la Asociación Civil San Juan Bautista.

El mandatario (Asociación Civil San Juan Bautista) se obliga a realizar un acto en su propio nombre, pero por interés del mandante (Inversiones San José). Luego, el mandatario le transfiere la propiedad. Al operar así no hay modo de rastrear el dinero.

¿Por qué si la empresa vinculada al Sodalicio tiene el capital, se vale de una asociación vinculada también a la organización como intermediario para realizar la compra con una operación de estas características?

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En un correo del 14 de marzo del 2013, al que tuvimos acceso, se aprecia que más de 11 millones de la Asociación Civil San Juan Bautista están destinados a financiar la Inmobiliaria Miraflores Country Club.

En el proyecto Miraflores Country Club-Ampliación IV Etapa, un cliente adquirió un lote y firmó el Compromiso de Compraventa con la Asociación Civil San Juan Bautista; sin embargo, la Constancia de Cancelación lo suscribió con la Inmobiliaria Miraflores Perú S.A.C.

O sea, las asociaciones sin fines de lucro que reciben dinero de las misiones que operan bajo el Concordato inyectan capital a empresas vinculadas a miembros de la cofradía del Sodalicio.

Ahora, ¿qué pasaba con estos préstamos? Realizan una maraña de transacciones por millones de dólares entre personas jurídicas y naturales vinculadas que carecen de lógica.

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Etapa 3: ¿Aló Ary?

En agosto del 2019, Inversiones San José S.A.C., cuyos socios eran la offshore Providential Group Inc con 71.230.845 acciones y Imp Investment S.A.C. con 1 acción, la Junta acordó un aumento de capital, mediante la capitalización de aportes no dinerarios efectuados por su accionista Imp Investment S.A.C.

Estos aportes que ascendían a 1 millón 788 mil 827 soles se trataban todos de deudas con sódalites, personas vinculadas al sodalicio, trabajadores de las empresas asociadas al Sodalicio y la Asociación sodálite Civil San Juan Bautista.

Estas deudas no eran de IMP Investment S.A.C. sino de la Asociación para el Desarrollo Urbano y Social, también vinculada al Sodalicio que se la trasladó con el mismo mecanismo de capitalización a 2 meses antes de dicha operación.

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Todas las empresas que participan en estas operaciones tienen el mismo domicilio legal, ubicado a la espalda de la sede principal del Sodalicio.

También en agosto del 2019, los accionistas decidieron aumentar el capital a través de la capitalización la deuda que tenía el accionista Imp Investment por 19 millones de soles. Pero ¿cómo Imp Investment, constituida en julio del 2016 con un capital de 10 mil soles, logró tener acreencias con personas naturales y jurídicas vinculadas al SCV por más de 21 millones 462 mil 066 soles en menos de 2 años? ¿Por qué todas estas operaciones inusuales terminan en Inversiones San José cuyo principal accionista es la offshore Providential?

Capitalizaciones

Al respecto, el experto Juan Fernando Freire opina que el modo del Sodalicio para hacer negocios consiste en hacer “capitalizaciones de deuda privada de difícil trazabilidad y veracidad, además de donaciones entre las distintas entidades aprovechando que las donaciones en Perú no están afectas a impuestos.

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De esta manera, las distintas sociedades nacionales y extranjeras se pasan activos y dineros que deberían ser usados para la reparación de las víctimas y no para crear un imperio económico en beneficio de la cofradía de Baertl”.

O como se pregunta el gran cantante Frankie Ruiz: “¿Y cómo lo hacen? Yo no sé. ¿Cuál es el negocio? Sepa usted”.

¿Algún día lo sabremos? Solo el tiempo lo dirá.

Garantía de Scotiabank al Sodalicio. Carta del 6 de junio del 2007 de Scotiabank a Inversiones San José, en la que reconoce que tiene un flujo de 24 millones de dólares al año por actividades fúnebres y educativas.

De los dueños de LATAM, su ampay

Un chicharrón de mondongo de vaca. Ese fue el principal argumento para acudir en procesión al restaurante limeño que golosamente elegimos con un grupo de amigos. Un fresco mondongo de vaca sofrito por las benditas manos de Martha Palacios, servido con cebolla cortada en juliana, ají limo cortado y salpimentado con limón.

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Poco se imaginaba la reportera la sorpresa que se iba a llevar mientras nos empujábamos esa delicia culinaria: empezaron a llegar al restaurante, uno a uno, los miembros del ala financiera del Sodalicio de Vida Cristiana (organización católica que investigo hace once años con mis colegas Pedro Salinas y Raiza Arroyo). En la mesa del costado a la mía se acomodaron los sodálites perpetuos Juan Carlos Len, Carlos Neuenschwander, Mario Rivarola (CEO del pulpo empresarial del Sodalicio, Inversiones San José S.A.C.) y Juan José Cueto (miembro de la familia Cueto, dueña de la aerolínea LATAM y de Costa Verde Internacional en Perú). Junto a Cueto, el gerente de Costa Verde Internacional: Carlos Vallette.

La segunda sorpresa fue el número de bandejas con la bebida bandera del Perú: tres bandejas de pisco sours, seguidas de cinco botellas de vino de las mejores marcas chilenas, al tiempo que iban y venían los piqueos criollos.

Ahora, ¿qué tiene de extraño este encuentro entre los Cueto y los sodálites? Bueno, aparte de que resulte curioso que un prestigioso grupo económico chileno se siente a comer con una organización religiosa acusada de abuso sexual, físico y psicológico, el grupo Cueto y el Sodalicio –a través de su brazo económico, Inversiones San José– tienen una prolífica relación de beneficio financiero mutuo que pueden leer en el especial financiero publicado al lado de este recuadro.

Cofradía. De izquierda a derecha: el gerente de Inversiones Costa Verde, Carlos Vallette; los sodálites Carlos Neuenschwander y Juan Carlos Len, el dueño de LATAM, Juan José Cueto, y el CEO de Inversiones San José, Mario Rivarola. Foto: Andrea Calvé

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Antes de que les sirvan el postre, me acerqué a Mario Rivarola, CEO de Inversiones San José, y le pregunté cuál era la razón del opíparo almuerzo. “¿Un nuevo acuerdo? ¿Nueva inyección de capital? ¿Más negocios a futuro?”.

“No soy del Sodalicio, ni de Lan Chile”, respondió de muy mala gana Rivarola, al tiempo que el arequipeño Neuenschwander, miembro de la cúpula del Sodalicio, se hacía nudito en el asiento intentando sin éxito esconderse del lente de la fotógrafa Andrea Calvé.

Mientras tanto, Juan Carlos Len Álvarez, otro de los peces gordos de la cofradía del Sodalicio, nos miraba de modo reprobatorio, y “Coche” Cueto –como lo apodan– no terminaba de salir del estupor, nos miraba y sonreía con los ojos abiertos como platos ante el ampay.

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A los comensales, el inesperado postre en forma de cámara fotográfica les debe haber sabido mal. Quizás la próxima vez que Juan José Cueto venga a Lima escojan un lugar más discreto para celebrar el cierre del directorio –el cual comprobé que se había realizado gracias a una fuente– entre Inversiones San José (Sodalicio) y Costa Verde Internacional (Grupo Cueto en Perú). Justicia divina que le llaman.

El misterioso flujo que el Sodalicio no quiere que se conozca. Infografía - La República