El Informante: Acoso en el último piso, por Ricardo Uceda

Crisis en la cúspide del Minedu. Una asesora del ministro denunció maltrato y el jefe de gabinete cayó. Antes, “por discrepancias éticas”, había renunciado la viceministra. Las dudas de Juan Cadillo.

El ministro. Si la denuncia se hubiera filtrado a la prensa sin la destitución del jefe de gabinete, Juan Cadillo habría puesto en riesgo su propia continuidad. Foto: La República
El ministro. Si la denuncia se hubiera filtrado a la prensa sin la destitución del jefe de gabinete, Juan Cadillo habría puesto en riesgo su propia continuidad. Foto: La República
Ricardo Uceda

El ministro de Educación, Juan Cadillo, no la ha tenido fácil desde que asumió el cargo. Es uno de los pocos miembros del gabinete que conoce la problemática de su sector y ha merecido distinciones por su ejecutoria profesional. Maestro que deja huella en el 2014. Palmas Magisteriales en el año siguiente. The Global Teacher Prize en el 2017. En 2018, Premio Nacional de Cultura. ¿Por qué la dificultad con tantos pergaminos, que deberían, por el contrario, facilitarle la tarea? En primer término, por la presión de Palacio de Gobierno para que cumpliera cuanto antes con los compromisos del presidente Pedro Castillo, expresados en la campaña electoral.

Las prioridades

Las expectativas de buena gestión respecto del Minedu apuntan, en primera instancia, a organizar un adecuado retorno a las clases presenciales de la población escolar. Esta obligación iba a estar en la agenda de cualquiera de los ganadores de la elección presidencial. Pero la agenda propia de Castillo busca flexibilizar los parámetros de evaluación de los docentes, cambiar ciertos aspectos del currículo, especialmente los vinculados a las cuestiones de género, y facilitar el libre ingreso a las universidades. Forma parte del menú, aunque no está anunciado, el cambio de interlocutores del gremio de los maestros. El válido debería ser el oficialista Frente Nacional de Trabajadores de la Educación (Fenate), recientemente reconocido por el Ministerio de Trabajo, llamado a desplazar al Sutep. Es un pleito aparte.

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Demás está decir que el Minedu es el que más le importa a Castillo de todos los ministerios. Allí tiende expectativas su base propia electoral, ahora agrupada en el Partido Político Magisterial y Popular. Cadillo es cercano a Castillo, pero por lo visto su presencia no basta. El presidente quería que alguien del Fenate asumiera el Viceministerio de Gestión Pedagógica, que tiene a su cargo las áreas que deben ser reformadas.

Pelos de punta

El problema fue que nadie del Fenate ni del círculo de huelguistas de 2017 daba la talla para el cargo. Las incompetencias eran inocultables. Uno de los nombres mencionados, Roger Apolinar, principalmente un agitador del magisterio, le paró los pelos de punta a Cadillo. Resistió.

El ministro nombró, en cambio, a Vanessa Toribio, una psicóloga especialista en formación docente que venía de coordinar uno de los programas del Fondep, el Fondo de Desarrollo de la Educación Peruana. En agosto ella había ingresado como miembro del gabinete de asesores del ministro que jefaturaba Carlos Arámbulo, también procedente del Fondep. Cadillo, que ha presidido este fondo, reclutó entonces a dos personas que ya conocía. Como viceministro de Gestión Institucional designó a Wilfredo Rimari, otro especialista.

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Mientras tanto, el sector magisterial que es aliado de Castillo se pronunciaba en contra de la actuación del ministro. Por su parte, el MEF negaba las partidas necesarias para comenzar el próximo año con la política de ingreso libre a la educación superior. Con todo, tras haber concluido sus nombramientos y en diálogo con el presidente, el ministro confiaba afrontar sus retos. Una situación insólita vino a complicarlo todo.

La denuncia

Una de las asesoras del Despacho Ministerial escribió en una carta formal que era maltratada y acosada por el jefe del gabinete de consejeros, Carlos Arámbulo. En su historia, todo ocurrió en el piso 12 del Minedu, el último, donde despachan el ministro, los viceministros y la alta dirección. La agresión se habría producido en varios diálogos referidos a la misión laboral de la denunciante. Ella prefería estar en el viceministerio de Gestión Pedagógica, y Arámbulo quería que dependiera de él. Según la denuncia, las expresiones del jefe, distorsionando capacidades de la asesora, agredían su dignidad laboral. De cuando en cuando, intercalaba frases alusivas a su atractivo. En una escena clave, compulsivamente le habría tomado la mano.

El maltrato habría ocurrido en el piso 12 del Minedu, el último, donde despachan el ministro, los viceministros y la alta dirección. Foto: Minedu

En una entrevista otorgada a Epicentro TV, Arámbulo negó que se hubiera propasado. En un comienzo Cadillo parece haberle creído al acusado. El ministro debe haber vivido un dilema mayúsculo, pues también conocía a la denunciante. Un análisis inicial sugiere que una de las partes miente porque hay detalles que solo pueden ser ciertos o falsos. Proferir frases humillantes sería difícilmente compatible con la trayectoria de Arámbulo, pero se han dado casos. Él, a su vez, niega todo, incluso la escena de la manito. Mientras Cadillo dudaba, la viceministra de Gestión Pedagógica, Vanessa Toribio, renunció aduciendo “discrepancias éticas”.

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Acto ejemplar

Fue en una carta, presentada a Cadillo. El gesto de la viceministra definió todo. Cadillo le pidió la renuncia a su jefe de gabinete y el hecho fue difundido en la página web del Minedu.

Las denuncias por acoso sexual son difíciles de investigar y requieren procedimientos específicos. Aunque ocurren denuncias falsas, el primer imperativo es proteger a la posible víctima. La viceministra Toribio actuó de una manera ejemplar, protegiendo no solo a la denunciante, sino a toda la gestión. Si la denuncia se hubiera filtrado a la prensa sin el despido del jefe de gabinete, se habría puesto en riesgo la propia continuidad de Cadillo. El ministerio emitió un comunicado público cuyo texto da la impresión de que el tema ya está resuelto. El episodio cobra especial significado en un contexto en el que se acusa de actitudes machistas a varios miembros del Gobierno. Si resultan falsas las acusaciones contra Arámbulo, este debe ser reivindicado. No está definido aún si Cadillo terminará aceptando la renuncia de la viceministra Toribio. El sentido de esta decisión puede indicar lo que realmente piensa sobre los hechos.