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Luis Jochamowitz: “Ojalá (la muerte de Abimael) sea el cierre de una época... aunque no lo creo”

El periodista acaba de presentar, junto con Rafaella León, el nuevo libro periodístico Días contados. Revela que se involucró mucho a nivel emocional para la obra y revela su pesimismo sobre el panorama político que vivimos.

Obra. El libro de Jochamowitz y León es una crónica sobre luchas y derrotas en la pandemia. Foto: Antonio Melgarejo / La República
Obra. El libro de Jochamowitz y León es una crónica sobre luchas y derrotas en la pandemia. Foto: Antonio Melgarejo / La República
Carlos Páucar

El periodista Luis Jochamowitz presenta, en coautoría con Rafaella León, una extensa y conmovedora crónica en forma de libro, Días contados. Lucha, derrota y resistencia del Perú en pandemia (Planeta, 2021). Por ello lo buscamos para que nos hable de este texto y, por supuesto, para que comente los últimos sucesos del país.

¿Qué significado le ve a la muerte de Abimael Guzmán?

Ocurre en un momento muy especial, ¿no? Cuando se había reactivado el tema Sendero. Ojalá sea el fin de un ciclo, el cierre de una época, aunque no lo creo. El tema no de Guzmán, ni siquiera de Sendero, sino del recuerdo de Sendero que va a seguir allí durante mucho tiempo.

¿Se esperaba esta polémica por el destino de su restos?

Era inevitable. Yo lo pensé desde el principio.

Y está el negacionismo de cierto sector político: quieren comprobar que ha muerto…

(Ríe)… Es surreal. Anoche estuve pensándolo. Si no ha muerto, ¿qué haces con un Guzmán de 86 años?, ¿adónde lo llevas?, ¿qué finalidad tendría?, ¿lo vas a llevar a Cuba?, ¿qué vas a hacer con un anciano escondido? Es absurdo. No tiene ningún sentido.

La muerte de Guzmán podría servir para aprender las lecciones de lo sucedido. Pero parece —por las reacciones que vemos— que no será así, ¿no?

No pues, porque ha ocurrido en un momento especial, donde todo esto se ha reavivado... Creo que el Gobierno de Castillo está en un intermedio. Tiene que definirse para uno u otro lado. No sé si va a tener tiempo para eso. Pero en ese intermedio todo lo anterior se ha reavivado. Entonces, los negacionismos, la polarización, todo el debate está al rojo vivo.

Deberían aprender las lecciones los que nos gobiernan...

Bueno, siento que estamos tan mal que ni siquiera queremos ver lo mal que estamos. Este es un momento raro, intermedio, esta situación no va a durar demasiado, se va a terminar definiendo, no sé por qué lado, pero la crisis política no ha terminado. Todo lo que hemos vivido no ha sido incorporado a nada, excepto a un nivel personal, supongo. Pero colectivamente estamos en nada.

¿Días contados deja esa sensación de que en el gobierno anterior se vivió en la ceguera, encerrándose en un círculo de poder, sin asumir la responsabilidad de gobernar?

Sí, pero es más complicado. No pudo estar a la altura del desafío… El problema es que Vizcarra nunca lideró realmente una respuesta colectiva. Se encerró en su pequeño círculo, que se fue achicando cada vez más. Estaba rodeado de dos personas, la secretaria de Palacio y la de prensa. Y en una pandemia, en la emergencia enorme que ocurre. Quedarte en ese pequeñísimo círculo, con los ministros, ninguno de ellos tenía gran peso político ni gran mirada. Es decir, Vizcarra cayó por el Parlamento, pero en realidad él ya se había consumido, ya no era casi nada.

El periodista asegura que se involucró mucho a nivel emocional para la obra. Foto: difusión

Parecía un fantasma.

Era un detalle más. Obviamente seguir a Vizcarra era uno de los asuntos del libro, el de reconstruir la escena política, pero la pandemia es muchísimo más grande. Al final él termina como una triste anécdota.

¿El libro podría servir de advertencia al Gobierno, por lo de encerrarse, el mutismo? ¿Hay semejanza de lo de Vizcarra con el inicio de esta gestión?

Lo que creo es que son experiencias fallidas. Una recién empieza y la otra terminó así. Y, bueno, algo más poderoso es que ninguno de los dos está a la altura de la responsabilidad que tienen. Quizás no comprendieron, no comprenden, con real noción sus responsabilidades verdaderas, no tienen imaginación histórica, conocimientos, gente que los asesore, el sentido colectivo, en fin. Estamos todos en el barco, naufragando.

No hubo liderazgo.

Tuvimos un liderazgo atroz, pero no diferente del que siempre hemos tenido y del que tenemos ahora. Y no se habría notado si es que no viene la pandemia. La pandemia ha desarrollado todo el caos, todo enloqueció y se notan más claras las deficiencias personales de cada grupo, de cada persona.

La pandemia cambió a todos. ¿Hacer este libro te transformó también?

Para mí fue útil, escribí para darle sentido a buena parte del 2020. Me metí mucho en el tema de la pandemia emocionalmente. Contarla en caliente, mientras está desarrollándose, fue muy complicado porque todo se revisaba, todo volvía a cero, la misma idea del virus, de la pandemia y del combate era muy oscuro, no se sabía mucho. A mí me dio una razón para trabajar en una situación muy rara porque es un año tan raro que la gente no se da ni cuenta de lo que ha pasado... Creo que estamos en un momento gravísimo, socialmente, políticamente, y no solo nosotros, sino el mundo.

La pandemia generó caos, desconcierto y temores, pero también parece ser el inicio de una nueva etapa de cambios y retos, ¿no?

Sin duda. Es siempre así, pero no viene automáticamente, hay que convertirlo en realidad... El hecho es que todo se ha venido abajo, el sistema de partidos y el sistema de elecciones han sido cuestionados. Todo se vino abajo. Tal vez se presente una oportunidad para renovarlo. Yo no veo que estemos avanzando en eso. Lo cierto es que se han caído muchas máscaras.

¿Y crecen los radicalismos?

Así es, antes no había derecha en el Perú. Nadie se llamaba de derecha, era una mala palabra. Ahora hay una extrema derecha, una extrema izquierda, todo está revuelto. Es un progreso que, por lo menos, las cosas se mencionen por su nombre, pero de allí a comenzar una nueva línea, no lo veo por el momento.

El libro habla de resistencia, no todo es pesimismo.

La gente es muy resistente, no importa qué pase, al día siguiente la gente sigue y sigue. Pero somos un país muy desorientado, siempre lo hemos sido, pero ahora de una forma muy dramática... Aunque creo que el drama todavía no ha terminado. Estamos en una especie de transición, pero la crisis política va a seguir, se va a agudizar. No sé. Quizás estoy en un momento pesimista.

¿Eres pesimista ante el Gobierno, oposición, partidos...?

Sí, creo que no hay mucho lugar para el optimismo. La gente quiere dejar atrás la pandemia, pero, por otro lado, estamos profundamente implicados en eso. Sí, soy pesimista. Me parece que esto no ha terminado, no hemos visto lo peor. Probablemente sí hemos visto lo peor en términos sanitarios, pero no en términos sociales ni políticos. Estamos desarrollándolo.

Lo que es un hecho es que la pandemia nos dejará marcas.

Yo creo que ni siquiera sabemos cuánto... Eso es parte de la marca que nos está dejando (sonríe).