El peligroso negacionismo y la memoria como antídoto

Reflexiones. Expresidente de la CVR y estudiosos de Sendero Luminoso destacan que Guzmán no se arrepintió. Advierten coincidencias en los extremos políticos. Recuerdan que crueldad contra líderes campesinos fue otra muestra de su insania.

Verdad. Lerner dice que no es el cierre de un ciclo, pero sí una oportunidad para reiterar la necesidad de fortalecer la memoria. Foto: difusión
Verdad. Lerner dice que no es el cierre de un ciclo, pero sí una oportunidad para reiterar la necesidad de fortalecer la memoria. Foto: difusión
David Pereda

La muerte de Abimael Guzmán genera reflexiones sobre los peligros del negacionismo —la negación de hechos históricos relevantes— en nuestro país y la necesidad de reforzar la memoria para enfrentarlos. La actitud negacionista, evidente en Guzmán y sus seguidores, equipara a los extremos políticos, aunque estos se crean antagónicos.

El cabecilla senderista nunca se arrepintió de haber causado tanta muerte y destrucción. Sus seguidores pedían amnistía y justificaban la barbarie que ocasionaron su líder y Sendero.

“Guzmán fue el responsable principal del más terrible periodo de violencia que ha experimentado el Perú en sus doscientos años de vida independiente. Ha muerto a los 86 años sin hacer nunca un solo gesto de arrepentimiento, sin pedir perdón por las decenas de miles de peruanos y peruanas que su organización, Sendero Luminoso, asesinó, masacró, secuestró, torturó, expolió y, en suma, atropelló de diversas formas”, dice Salomón Lerner, expresidente de la Comisión de la Verdad (CVR), presidente emérito del Instituto de Democracia y Derechos Humanos de la Universidad Católica (Idehpucp).

“No es tan acertado encontrar en su muerte el cierre de un ciclo o un punto de quiebre en nuestra historia colectiva. Sí es importante, ahora que se diserta sobre él, insistir en la importancia de la historia y de la memoria de la violencia”, anota.

“Y situar en el lugar central la memoria de las víctimas de Sendero. La CVR demostró la responsabilidad de Sendero en la tragedia por haber sido quien inició el conflicto, por los métodos terroristas y de ataque indiscriminado a la población que empleó desde el primer momento, y por haber causado el mayor número de víctimas fatales. Señaló, también, que el único caso en que se pudo haber configurado el delito de genocidio en esos años fue durante el cautiverio del pueblo ashaninka por Sendero y recomendó que se profundizaran investigaciones para verificar esa posibilidad. Ninguno de los cuatro gobiernos que han sucedido han hecho nada al respecto”, añade.

Advierte el negacionismo en la derecha y en la izquierda.

“Desde la derecha se practica la acusación de ‘terrorista’ de manera indiscriminada, cínica y embustera contra todo aquel que cuestione el statu quo. Desde cierta izquierda, incluyendo a personajes del Gobierno, se banalizan crímenes de Sendero, o se llama a dar un lugar a su memoria —es decir, a su racionalización del baño de sangre producido— como señal de inclusión y tolerancia, o se reclama el olvido de los hechos y de las víctimas, como gesto de realismo político”, explica.

“Estamos ante tendencias antagónicas, pero en el fondo hermanadas en un mismo negacionismo y en una misma pulsión antidemocrática. Si la muerte de Guzmán puede tener alguna implicancia hoy, tendría que ser un reforzamiento de la memoria, como un antídoto contra esas tendencias que asedian a lo que queda de nuestra democracia”, sostiene Lerner.

El antropólogo estadounidense Orin Starn, profesor de la Universidad de Duke y autor de Ríos de sangre: auge y caída de Sendero Luminoso, coincide en los significativo de que Guzmán haya muerto en la negación y justificación de sus atrocidades.

“Ha fallecido el cerebro de una guerra que dejó terrible devastación y sufrimiento. Abimael Guzmán soñaba con llevar al Perú a la tierra prometida del comunismo, pero su guerra fue solo brutalidad y muerte sin sentido”, dice el también coautor de Las rondas campesinas y la derrota de Sendero Luminoso, con Carlos Iván Degregori y otros.

“A diferencia de los héroes trágicos clásicos como el rey Lear y Edipo, Guzmán se fue a la tumba sin arrepentirse. Su rigidez ideológica y su falsa certeza lo dejaron incapaz de reconocer cómo sus ambiciones habían causado tanta miseria en Perú y heridas que nunca se han sanado”, comenta el antropólogo.

El sociólogo Víctor Caballero, que trabajó con comunidades campesinas en los tiempos duros del terrorismo, resalta la crueldad de Guzmán y sus huestes para masacrar a líderes del campo en aras de un supuesto nuevo Estado ideal que harían.

“Fue uno de los más crueles y sanguinarios líderes políticos que ha promovido y justificado el asesinato de miles peruanos, particularmente líderes y dirigentes de comunidades campesinas que se resistieron a su prédica insana. Guardo doloroso recuerdo de queridos dirigentes comunales y compañeros campesinos asesinados”, expresa.

“Abimael llegó a considerar que la lucha por la tierra de las comunidades era una forma ‘desaguar’ la guerra popular, que, por tanto, había que liquidar a los que promovían la reestructuración democrática de las empresas asociativas, y por eso dispuso a sus huestes controlar todo el campo puneño y someter a las comunidades campesinas. Y fue su error”, reflexiona.

En Twitter

Juan Carrasco Millones, ministro del Interior

Ha muerto el terrorista Abimael Guzmán, el más grande genocida de nuestra historia. Mi pensamiento y solidaridad con los miles de sus víctimas, entre ellos, policías y militares. Trabajamos firmemente para acabar con el terrorismo y cualquiera de sus formas. #TerrorismoNuncaMás

Maricarmen Alva, presidenta del Congreso

Murió el terrorista Abimael Guzmán. Los testimonios de los huérfanos, viudas (que también perdieron hijos) y todos quienes vieron morir a alguien a manos de Sendero Luminoso, nos desgarraron el alma. Pienso en ellos, en las víctimas del terrorismo a quienes aún les debemos tanto.