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Pedro Castillo, un presidente que sale del Perú rural

Camino. Un maestro, dirigente sindical, rondero y campesino gobernará el Perú del bicentenario a partir del 28 de julio. Quienes lo conocen en su natal Tacabamba lo describen como sereno, exigente, solidario y religioso. De pronto, por los testimonios recogidos, para entender su discurso hay que conocer sus orígenes.

Aventura. Castillo va rumbo a Palacio en medio de la incertidumbre política y sanitaria. Foto: Aldair Mejía / La República
Aventura. Castillo va rumbo a Palacio en medio de la incertidumbre política y sanitaria. Foto: Aldair Mejía / La República
Diego Quispe

La tarde del 5 de junio, la agenda del entonces candidato presidencial de Perú Libre, Pedro Castillo, cambió radicalmente. Sus vecinos de su natal Tacabamba, Cajamarca, habían construido un estrado en la plaza mayor y adornado las calles para recibirlo y esperar ahí los resultados electorales. Sin embargo, el profesor había tuiteado que solo iría a su región a votar y que luego retornaría a Lima para esperar el resultado.

Los tacabambinos, sin embargo, se instalaron en la plaza y lo esperaron por largas horas. Buscarían convencerlo de que se quede. Para ellos, no solo era un gesto de descentralización que su representante reciba el boca de urna en su tierra, sino también era una muestra de confraternidad con quienes lo vieron crecer como rondero, maestro, sindicalista y político.

Antes de llegar a esta etapa, el nuevo mandatario tuvo un camino con altas y bajas.

Obrero. Castillo, antes de ser maestro, también fue albañil. Foto: difusión

En su pubertad había dejado dos años la secundaria para trabajar con su padre Ireno Castillo. Al retomar sus estudios en el distrito de Anguía se conoció con Lilia Paredes, quien sería su esposa y ahora es la nueva primera dama. Ambos estudiaron en el Instituto Pedagógico Octavio Matta Contreras de Cutervo. Fue a inicios de los 90 cuando él inició su labor de docente en el distrito de La Ramada y luego llegó a la I.E. Nº 104565 del caserío de Puña, en Tacabamba, en 1995, donde viven sus padres y hermanos.

Castillo es un docente difícil de olvidar. Zuly Cabrera, una joven de 20 años, que vive en la Argentina y estudia Ingeniería Ambiental en la Universidad Nacional de Córdoba, fue su alumna. “Cuando me enseñó en tercer grado de primaria no te dejaba salir al recreo si no acababas las tareas”, dice al evocarlo. Su materia con mayor dominio, rememora, era matemática.

Durante la campaña electoral, una de las propuestas del excandidato de izquierda fue que los jóvenes, al salir de las escuelas, tengan ingreso directo y gratuito a la universidad. Zuly conoce esa realidad y comprende por qué Castillo hizo esta promesa. Ella tuvo que salir de Perú, donde la educación está privatizada en su mayoría, para obtener una plaza en otro país. “Yo le pediría a él que la educación sea como lo es en Argentina. Acá hay muchas más facilidades, acá te pagan tus estudios”, asegura.

Zuly es hija de Lisho Cabrera, quien es cuñado de la hermana del presidente, Elvira Castillo. “Hace cuatro años, recuerdo, casi nos chocamos por la carretera (con Pedro). Yo venía con mi ganado y él iba (en moto) a su casa. Estaba lloviendo”, recuerda Lisho. Los caminos en Tacabamba son accidentados. Para dictar clases, Castillo iba a pie por más de una hora desde su casa en la comunidad de Chugur a Puña. Hace siete años, sin embargo, se compró una moto que le permitió llegar más rápido, aunque, como precisa Lisho, lo exponía a los riesgos de los fangos de la carretera.

Atenta. Desde su chacra, en Puña, Elvira Castillo critica campaña mediática contra su hermano. Foto: Aldair Mejía / La República

El sábado previo a la segunda vuelta, el entonces candidato del lápiz llegó a la medianoche a Tacabamba, dio un discurso breve, saludó a sus vecinos y seguidores y partió a su casa en Chugur. Le pidieron que se quede, pero no respondió.

A la mañana siguiente realizó el tradicional desayuno electoral, compartió sus alimentos con los ronderos y periodistas presentes. En la mesa estaba junto a sus hijos, su esposa, sus padres y hermanos. En medio de ese ambiente, sonaba a alto volumen la canción cristiana ‘Tú estás aquí’, de Jesús Adrián Romero. Antes de dar unas palabras, toda la familia rezó. Su esposa agradeció a Jehová.

Terminada la ceremonia, Castillo la acompañó al colegio Arturo Cáceres, en Anguía, a votar. En ese recorrido aprovechó en visitar la iglesia de este distrito: se arrodilló y persignó ante la Virgen de los Dolores. No queda claro si el presidente es evangélico o católico. En su hogar, cuenta el pastor Edilmar Rodrigo, se realizan actividades de la Iglesia del Nazareno. “Pedro es un simpatizante, mas no un creyente. Hay una diferencia teológica ahí”, aclara. Edilmar lo conoce desde el 2009. “Su esposa pertenece a esta iglesia, ahí tuve contacto con él, quien ha brindado capacitaciones a nuestra escuela dominicana”, relata.

Después de perder a sus padres, lamenta el también locutor de Radio Paz, de Cajamarca, Lilia Paredes se convirtió en una madre para su hermana menor Jennifer Paredes, quien por esa época era una niña de cinco años. Eso explica, dice Edilmar, por qué Jennifer le dice papá a Castillo. Para Edilmar, esta parte de la vida de la pareja presidencial es importante. “Demuestra que tienen moral”, sostiene.

Castillo, luego de orar ante la Virgen de los Dolores, de Anguía, subió a una camioneta. Iba retrasado. Los pasajes en avión de retorno a Lima eran para las 7:30 de la noche desde el aeropuerto de Chiclayo. El profesor había llegado a sufragar a Tacabamba a las 11 de la mañana, pero primero se reunió por más de una hora con los dirigentes del partido. La distancia entre este distrito y Lambayeque es de seis horas en auto. Castillo debía partir, como mínimo, al mediodía. Sin embargo, su votación recién fue a la 1 de la tarde en el colegio Salomón Díaz. Las especulaciones apuntaban a que se quedaba.

Y así lo confirmó minutos después, abordado por la prensa: esperaría el flash electoral en el local del lápiz. En la plaza todos permanecieron a la expectativa. Fueron, quizás, los minutos más tensos en la historia de Tacabamba. Es cierto que no era la primera vez que él participaba en una contienda electoral. En el 2002, cuando era afiliado de Perú Posible, postuló a la alcaldía de Anguía, sin éxito. Catorce años después, cuando la organización del expresidente Alejandro Toledo perdió la inscripción, dejó de militar ahí. Tampoco era la primera vez que un cajamarquino participaba en una elección presidencial. En el 2016, César Acuña, líder de Alianza para el Progreso (APP), natal de la campiña de Ayaque, candidateó, pero fue excluido. Lo volvió a hacer este año y tampoco ganó.

La circunstancia con el profesor era distinta: había llegado a una segunda vuelta. Al comienzo de la campaña, nadie previó que estaría en dicha instancia.

Para los tacabambinos esto ya es histórico. Es cierto que no era la primera vez que Castillo estaba en la esfera pública. Se hizo conocido el 2017, cuando lideró una huelga magisterial de setenta días. La paralización evidenció que este gremio necesita reformas. Pidieron mejores sueldos, mayor presupuesto para el sector Educación.

Aulas. El colegio, en Puña, donde enseñó Castillo. Foto: Aldair Mejía / La República

La huelga terminó con un gabinete ministerial censurado y con un leve incremento salarial. El hoy electo presidente emprendió a partir de ahí la creación de la Fenatep, una federación sindical alterna al CEN Sutep. Lo ayudaron los docentes Edgar Tello y Brangil Mateo Blas, quienes, según sus rivales políticos, están relacionados con el Conare. Tello fue elegido congresista por Lima y Mateo es actualmente coordinador de campaña de Perú Libre en Junín. Castillo ha rechazado tener vínculos con grupos radicales.

A finales del 2020, en Perú Libre, el candidato presidencial voceado era su secretario general, Vladimir Cerrón. Sin embargo, su sentencia por negociación incompatible durante su paso como gobernador regional de Junín le impidió postular. Buscó, entonces, a Castillo. Los primeros meses el profesor ni figuraba como opción en las encuestas. A quince días de la primera vuelta asomó con 6,6% de intención de voto. Una semana después duplicó la cifra. Y el día de la elección obtuvo el 19%. Al frente iba a tener de contendora a Keiko Fujimori, de Fuerza Popular.

La segunda etapa de la contienda comenzó con un Castillo superándola ampliamente en los sondeos, pero Fujimori fue acortando la diferencia. El domingo de los comicios finales, a las 7 de la noche, el flash electoral reportó que Castillo perdía. Hubo un silencio sepulcral en Tacabamba que luego sus simpatizantes transformaron en fastidio. “¡No al fraude! ¡No al fraude!”, protestaron.

Tres horas después, los ánimos cambiaron: el conteo rápido de IPSOS reportó que el profesor iba primero. Luego, el reporte de ONPE al 42% le daba 53% al fujimorismo y 47% a la izquierda. El profesor dio un balconazo a la medianoche, pidió calma y explicó a sus seguidores que aún faltaba contar los votos donde Perú Libre había ganado ampliamente: el sector rural. A la mañana siguiente, el tiempo le dio la razón: a medida que llegaban las actas de las zonas más pobres del país, Castillo se acercaba más, hasta que remontó.

En Puña, Elvira sentía desconfianza. En conversación con este diario, especuló que a su hermano lo querían dar como ganador solo para calmar los ánimos de la población y al final declarar ganadora a Fujimori mediante un fraude. “Si eso sucede, las rondas campesinas se movilizarán”, advirtió.

Pero el desenlace no fue así. Castillo terminó ganando con una diferencia de 43 mil votos y ayer recibió sus credenciales: es el presidente del bicentenario, y Tacabamba lo celebra.

Algarabía. El 6 de junio fue histórico para Tacabamba. Hubo nerviosismo, ansiedad, tensión, pero al final celebraron. Foto: Aldair Mejía / La República

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