Vacunagate, una crisis que aumentaría el rechazo a candidatos presidenciales

Alexis Revollé

agrevolle

22 Feb 2021 | 15:15 h
Descontento de la ciudadanía frente a la clase política continúa en aumento tras el destape del caso Vacunagate. (Foto: composición LR)
Descontento de la ciudadanía frente a la clase política continúa en aumento tras el destape del caso Vacunagate. (Foto: composición LR)

Sensación de hartazgo e indecisión en aumento. A solo ocho semanas de las elecciones, expertos sostienen que las revelaciones sobre funcionarios que se vacunaron de forma irregular tendrían un fuerte impacto en el devenir electoral.

La reciente crisis institucional desatada por el caso Vacunagate, que involucró a funcionarios públicos, empresarios, científicos y personalidades de diversa índole, ha significado un duro golpe a la ya desgastada relación entre la ciudadanía y la clase política peruana. Las revelaciones dejaron al descubierto al expresidente Martín Vizcarra y a dos exministras del actual Gobierno. Todo ello generó un escenario de malestar a solo ocho semanas de las elecciones generales.

“Lo que estamos viendo es que, a la desilusión de siempre, se ha sumado un escepticismo tremendo. La gente no solo ya no cree en los políticos, sino que, además, los ve como sospechosos. Si revisas las listas de vacunados, ves que hay nombres vinculados a partidos de todos los colores. Progresistas, conservadores, gente cercana a Vizcarra y algún fujimorista. Dos lados que parecían enemigos se juntaron para vacunarse antes que el resto del país. Eso, de cara a las elecciones de abril, puede tener consecuencias importantes”, señala el analista y politólogo César Vargas.

Según la última encuesta del IEP, publicada por La República a inicios de febrero, la opción más elegida fue el Ninguno, con 22%. George Forsyth, el candidato que lideró los resultados, era el “favorito” de apenas un 13% de encuestados. Los números fueron elocuentes. Pese a las oportunidades de transformación que se abrieron con la crisis sanitaria, ninguna figura política ha conseguido capitalizar la necesidad de cambio que reclama uno de los países más afectados por la pandemia.

Para Vargas, en una situación así, el escándalo del caso Vacunagate podría afectar seriamente dos elementos cruciales de la actividad política: legitimidad y representación.

“Es verdad que a estas alturas, a dos meses de las elecciones, en ese Ninguno siempre hay un grupo grande de indecisos, de personas que se inclinan por una u otra opción faltando una semana para ir a votar. Pero esta vez es distinto. Nunca, en los últimos 20 años, habíamos llegado tan vulnerables a unas elecciones. Digamos que, al hartazgo de toda la vida, ahora se suma el dolor de tantas muertes y la indignación por tantas mentiras. ¿A quiénes representan estos candidatos que no llegan ni al 15% en las encuestas? ¿Qué legitimidad van a tener en medio del caos institucional que vivimos? Es alarmante”, apunta.

Sin ilusiones

Si bien la investigación del posible entramado de corrupción que significó el caso Vacunagate tiene para rato, los indicios han comprometido campos de la sociedad que van más allá de la política. Quizá el más afectado haya sido la ciencia. “Hay un factor anímico muy significativo cuando nos damos cuenta de que algunos de esos profesionales que parecían capaces de ayudar, los científicos, terminan dándole la espalda a la ciudadanía”, remarca la psicóloga social e investigadora Raquel Carrión.

En época electoral, sin embargo, la desazón puede traducirse en votos. Por ello, lo que suceda en las próximas semanas con las candidatas y candidatos a la presidencia estará condicionado por un malestar generalizado en la ciudadanía.

“La política no es solo debate y planteamiento de ideas. Cualquiera que haya estudiado los procesos políticos más relevantes de la historia sabe que, más bien, eso es lo de menos. Lo que realmente importa son las emociones. El miedo, la esperanza, la ira. En eso se basan los movimientos políticos. Y, al menos hasta el momento, ninguna de las opciones que tenemos ha despertado emociones en la población. Es como si nos dijeran: ‘Después de la crisis terrible, otra vez vayan a votar sin ilusión’”, sostiene Carrión.

“A los estudios que hacen las encuestadoras, sería interesante que agreguen una pregunta. ¿Qué candidato o candidata le provoca emoción cuando suelta un discurso? Mi hipótesis es que ahí ninguno pasa la valla”, agrega.

Indecisión en incremento

Otro factor a tomar en cuenta es el aumento progresivo que ha mostrado el rechazo del electorado hacia las opciones políticas que se presentan a las elecciones. El porcentaje que alcanza en 2021 la suma del Ninguno y del Blanco/viciado es superior al que, a estas mismas alturas —es decir, dos meses antes de las elecciones—, registraron las encuestas en 2016 y 2011.

Si en febrero de 2011 un 5,1% de encuestados (CPI) no tenía intención de votar por ningún candidato o candidata, en 2016 el porcentaje se elevó a 8,4% (GFK), y en 2021 se cuadruplicó a un 22% (IEP). Estadísticas que sugieren un deterioro sostenido del nivel de representación que ejerce la clase política en el país.

Comparación de porcentajes que arrojaron encuestas a dos meses de las elecciones en los años 2011, 2016 y 2021.

“Era evidente que la pandemia tendría consecuencias en nuestro sistema democrático. Esa subida notable en el grupo de los que han elegido el rechazo es síntoma de una enfermedad que nace del propio manejo que han hecho los gobernantes. En el 2020, muchos peruanos nos dimos cuenta de lo abandonados que habíamos estado, y ahora, casi por una cuestión de autoprotección, tenemos derecho a creer que nadie es capaz de revertir ese abandono”, reflexiona el antropólogo y docente universitario Leonardo Fernández.

El dato, además, reflejaría la evolución de una desconfianza no solo en los políticos, sino también en una manera de hacer política. “Si dejamos de lado las medidas de protección por la pandemia, ¿qué tiene de distinto esta campaña? Habrá uno o dos rostros nuevos en el catálogo, pero las formas son las de siempre. Debates en medios, baños populares, discursos de autoreivindicación y todo eso que conocemos al detalle. O sea, la política de siempre en tiempos insólitos”, comenta Vargas.

Crisis de siempre

Con todo, el panorama actual se perfila como un nuevo episodio en la crisis de los partidos políticos que, desde hace años, vienen advirtiendo historiadores y estudiosos de la realidad nacional. De los cinco partidos que lideran la última encuesta del IEP (Victoria Nacional, Acción Popular, Juntos por el Perú, Avanza País y Fuerza Popular), solo el encabezado por Yonhy Lescano supera los 30 años de historia.

Mientras tanto, los sondeos publicados en los últimos días no presentan una tendencia que avizore un cambio en el devenir electoral. El resto se conocerá en abril, pese a que, de momento, ninguna opción parece convencer lo suficiente a la ciudadanía.

“En plena emergencia sanitaria, esta era una oportunidad enorme para que surgiera una figura o un partido que pudiera recuperar la confianza de la población en la política. Eso no ha sucedido. Por el contrario, hemos visto cosas como la desaparición del APRA o el papel bochornoso que tuvo Acción Popular en el Congreso. Estamos huérfanos”, sentencia Vargas.