El Informante: Poder paralelo, por Ricardo Uceda

Ricardo Uceda

El líder. Rafael Vela, coordinador del Equipo Especial, y, detrás, el magistrado que abrió investigación a Vizcarra, Germán Juárez Atoche. Foto: difusión
El líder. Rafael Vela, coordinador del Equipo Especial, y, detrás, el magistrado que abrió investigación a Vizcarra, Germán Juárez Atoche. Foto: difusión

El caso Vizcarra y la crisis en el Ministerio Público. Desde su fuerza mediática, un equipo de fiscales no reconoce autoridad. Actos de investigación que pueden ser impugnados. Todo comenzó con Chávarry.

Al mismo tiempo que el presidente Martín Vizcarra afronta la tormenta política generada por las graves denuncias en su contra, la institución que debe investigarlo empeora su crisis de autoridad. La fiscal de la Nación, Zoraida Ávalos, está metida en un atolladero. Ha determinado que el caso sea asumido por una fiscalía anticorrupción, que ya abrió proceso. Sin embargo, el Equipo Especial de Lava Jato lo reclama para sí y ha convocado al mandatario para que rinda una manifestación. Vizcarra le ha pedido a Ávalos una aclaración.

Fuentes del Equipo Especial le han dicho al diario El Comercio que el pedido de Vizcarra es improcedente y una suerte de abuso de autoridad. En efecto, una comunicación de esa naturaleza debía hacerla su abogado. Pero, en el fondo, es lógico que cualquier persona, con visos de ser reclamada por los mismos hechos por dos fiscales distintos, busque determinar cuál es el canal pertinente. La situación es anómala.

El presidente Martín Vizcarra es investigado por presuntamente haber recibido coimas cuando era gobernador regional de Moquegua. Foto: Presidencia

Una cosa por otra

El coordinador del Equipo Especial, Rafael Vela, ha dicho que solo existe una investigación: la que inició, individualizando responsabilidades en Vizcarra –por cohecho y colusión–, el miembro de su grupo Germán Juárez. La que abrió el fiscal anticorrupción Elmer Chirre es genérica, contra quienes resulten responsables. Negar la duplicidad es una falacia, porque los hechos son los mismos. Hay dos fiscales para una misma investigación.

El doctor Vela ya usó un sofisma sobre el punto cuando, en una entrevista televisada, dijo que un comunicado de la fiscal de la Nación, mediante el cual su equipo fue apartado del caso Vizcarra en favor del subsistema anticorrupción, en realidad debía interpretarse como que ellos, los de Lava Jato, podían seguir investigando. Algunas veces este destacado fiscal superior pinta otra realidad. Recordemos que el Equipo Especial le dijo a la jueza María de los Ángeles Álvarez que Odebrecht no tenía más investigaciones que las cuatro que figuraban en el acuerdo que suscribieron. Y fue precisamente el coordinador de los fiscales anticorrupción, Omar Tello, quien reveló que había quince a escala nacional.

Escenario distinto

Puede que la decisión de Zoraida Ávalos no haya sido la mejor. Opiniones versadas sostienen que, al haber obtenido Germán Juárez las confesiones sobre los supuestos sobornos a Vizcarra, él se encuentra mejor posicionado para investigarlo. Súmanse los desconfiados –entre quienes me cuento– que presumen parcialidad de la fiscal de la Nación en beneficio de Vizcarra, por antecedentes que son de dominio público. Así, correspondiéndole el caso a un fiscal anticorrupción, que es el de la especialidad, podía entenderse que fuera adjudicado a uno de Lava Jato por razones especialísimas. También hubiera sido discutible, porque ni Tello ni Chirre son menos que Vela o Juárez, ni les son transferibles las supuestas querencias de Ávalos. Pero, más allá de disensiones, la decisión hubiera sido aceptada.

El fiscal Germán Juárez Atoche, del Equipo Especial Lava Jato, fue quien recibió información de los presuntos pagos ilícitos por un aspirante a colaborador eficaz. Foto: La República

Cuando la fiscal de la Nación optó por los fiscales anticorrupción y los de Lava Jato decidieron continuar, se produjo un escenario distinto. En los hechos hay un desacato, porque el Equipo Especial, sin tener la competencia, está actuando al margen de lo dispuesto por la autoridad. Una prospección sobre lo que puede pasar arroja posibilidades preocupantes.

Decisión inútil

Dejar las cosas como están pone en entredicho la legalidad de lo que pudiera actuar el fiscal Juárez. Incluyendo sus diligencias de corroboración. Esto es lo más peligroso, porque perjudica la eficacia de la investigación que debe hacerse a Vizcarra. La manera de evitarlo sería que la fiscal de la Nación, volviendo sobre sus pasos, rectificara (arguyendo cualquier cosa, ahora se ve de todo) y le diera la competencia al Equipo Especial. O que inventara un fiscal ad hoc, ni para ti ni para mí. Salidas improbables, porque terminarían de destruir su autoridad.

Otra opción es que, poniéndose fuerte, propiciara que los rebeldes sean sometidos a Control Interno. Aunque esto puede ocurrir, está claro que Ávalos tendría que comprarse el costo político de enfrentarse con fiscales de alto poder mediático. Una cuarta posibilidad tampoco es perfecta: que alguna de las partes pida a un superior resolver, arguyendo conflicto de competencias. Los de Lava Jato no lo van a plantear, ya les dijeron que no. Y los de anticorrupción tampoco, porque les confirmaron el fuero. De modo que puede proseguir una guerra de desgaste, en la que Chirre investigará sin los testigos, y Juárez proseguirá hasta que le quiten el expediente de un zarpazo.

Poder propio

¿Cómo se llegó a esta situación? Se origina en el poder incondicional que le fue otorgado al equipo de Lava Jato por el sector de fiscales supremos que buscó deshacerse a cualquier precio del entonces fiscal de la Nación, Gonzalo Chávarry. Había razones para ello, pues exhibió imparcialidad al anunciar que perseguiría a Vizcarra, pese a que este participaba de la conspiración en su contra. Y quizá sea demostrado que autorizó el deslacrado de una oficina de su despacho que estaba bajo resguardo. Pero a Chávarry difícilmente se le podría procesar por destituir a fiscales que se le habían insubordinado y lo trataban como miembro de una organización criminal. Dicho sea de paso, aún no se ha demostrado su compromiso con alguna de las modalidades delictivas de los “Cuellos Blancos”, ni cómo se benefició. Sus enemigos, que filtraban supuestamente todo, ocultaron que Vizcarra se reunió cuatro veces con el imputado Antonio Camayo. Ocultaron más, y habrá otras sorpresas de este tipo. Por ejemplo, un magistrado angelical asistiendo a una reunión de los “Cuellos Blancos”..

El poder sin control, unido al apoyo también incondicional de la prensa más influyente, aumentó las ínfulas del Equipo Especial. Siendo su gestión meritoria, tampoco fue perfecta. Ahora no se trata de purgarlos, sino de proteger el proceso contra un mandatario sospechoso de corrupción.

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