Hugo Otero: “Debe haber una respuesta enérgica para dejar en claro que el Perú es soberano”

Entrevista al exembajador peruano Hugo Otero.

Crítico. Hugo Otero considera excesiva e intervencionista la carta de los cuatro embajadores. Foto: John Reyes
Crítico. Hugo Otero considera excesiva e intervencionista la carta de los cuatro embajadores. Foto: John Reyes
Elizabeth Prado

El pasado 4 de junio, los embajadores en Perú de Canadá, Ralph Jansen; de Australia, Diana Nelson; de Francia, Antoine Grassin, y del país vecino de Colombia, María Mosquera Jaramillo, enviaron una sorpresiva carta al presidente del Congreso, Manuel Merino, pronunciándose contra un tema interno peruano, como es la aprobación por insistencia de la ley para la suspensión del cobro de los peajes.

De momento, el titular del Parlamento convocó ayer a una reunión al canciller peruano Gustavo Meza-Cuadra. En las siguientes líneas, el exembajador Hugo Otero da cuenta de la gravedad de la carta en mención, desde el punto de vista de las reglas de juego de las relaciones exteriores.

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¿Es correcto que los embajadores de Canadá, Australia, Francia y Colombia hayan enviado una carta abierta al presidente del Congreso para expresarle su preocupación por una ley que afecta a empresas de sus países en el Perú?

Independientemente del contenido de la carta, los embajadores son nombrados por sus gobiernos y acreditados ante la Cancillería del Perú, entonces, cualquier comunicación que ellos quieran hacer tiene que ser a través de la Cancillería. Esta carta es improcedente porque debió haber sido dirigida al presidente del Congreso, pero a través de una comunicación a la Cancillería, para que traslade la carta al presidente del Congreso. Ese es el mecanismo.

Además, se trata de una carta abierta.

Ellos no pasan por la Cancillería y se dirigen al presidente del Congreso de frente y le mandan una copia, como si fuera una circular, al presidente de la República (Martín Vizcarra), a los ministros de Estado y a una serie de personajes de los poderes del Estado peruano. No respetan los canales diplomáticos adecuados.

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Se supone que conocen los protocolos.

Parece que no los conocieran. Al saltarse esos protocolos, el Congreso podría dirigirse a la Cancillería peruana para que presente una queja enérgica ante la Cancillería de los respectivos países de estos embajadores. Además, los embajadores no tienen soberanía, son funcionarios, cumplen instrucciones de sus cancillerías. Entonces, partimos de la siguiente base: si han procedido así, es porque lo han consultado previamente a sus cancillerías. Yo no voy a dirigirme al presidente del Congreso de un país en una carta donde hago una crítica, me opongo a la decisión soberana del Congreso y le llamo la atención porque una ley afecta a las inversiones y a la seguridad jurídica.

¿Qué le sugiere el contenido de la carta?

El contenido tiene dos sustancias. Ellos salen en defensa de empresas. Pareciera que las embajadas están defendiendo intereses privados y se han transformado en una especie de lobby o una empresa de relaciones públicas. Las embajadas representan a una nación, a un gobierno y las relaciones de un embajador es con toda la sociedad. No entiendo cómo hacen público el apoyo a determinados grupos empresariales. ¿Están actuando a nombre de sus gobiernos o en forma particular? ¿O es un acuerdo propio de esos cuatro embajadores para defender intereses privados?

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Los embajadores no pueden interceder.

Pueden hacer una gestión privada. Eso se hace, es regular, pero no se puede mandar un documento público, abierto, además con copia al presidente de la República, los ministros y a los poderes del Estado, sin pasar por la Cancillería.

Lo ocurrido es muy serio.

Es una irregularidad y es improcedente. Ahora, los términos de la carta objetan una decisión soberana del Congreso. Ellos no están de acuerdo con la medida porque va contra las inversiones y la seguridad jurídica. Se oponen a la decisión soberana del Congreso del Perú. Personalmente no estoy de acuerdo con muchas decisiones que toma el Congreso peruano, pero es cuestión del debate nacional, es una cuestión que nos compete a los peruanos. No podemos aceptar la injerencia de cuatro embajadores sobre decisiones soberanas de una institución del Estado peruano.

¿Debe haber una respuesta desde el Gobierno peruano?

Yo creo que hay que ser muy enérgico, no por generar un problema, sino para que quede claro que el Perú es un país con un Estado democrático y soberano. El Congreso está en perfecto derecho de pedirle a la Cancillería que se queje enérgicamente por la conducta de estos señores embajadores ante sus respectivos países. Y, al mismo tiempo, puede pedir que esos embajadores sean cambiados de sus puestos.

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Porque ya no cuentan con la confianza de sus países.

No se puede permitir esto porque, de sentarse un precedente, otros embajadores podrían actuar así para defender sus inversiones. Lo grave es que los embajadores, con sus declaraciones, lo elevan a un problema político, han participado del debate nacional, han tomado una posición y no tienen derecho a hacerlo. Además, lo hicieron en forma improcedente. Sobre el contenido, creo que se han extralimitado en dar una opinión de falta de seguridad jurídica y desaliento a las inversiones. Lo dicen en el penúltimo párrafo de la carta que parece una proclama política.

¿Le parece raro todo esto que ha sucedido?

Me extraña que cuatro embajadores de países tan importantes, en momentos en que en Perú hay una situación dramática con la pandemia, en vez de colaborar, le crean un problema político. Me parece excesiva e intervencionista sus apreciaciones frente a un acuerdo soberano del Congreso. Además, veo que esa carta no ha sido redactada por los embajadores, esa carta está redactada por una persona en el Perú, no sé quién será, por un abogado; porque los términos no son propios de los embajadores.

Es imperativo, entonces, que haya una respuesta.

El Perú no debe dejarse. No se trata de orgullo nacional, sino que el pueblo peruano y la comunidad internacional deben tener conciencia de que el Perú es un país respetable y respetuoso. Ningún embajador peruano procedería de la forma como lo hicieron los embajadores de Canadá, Australia, Colombia y Francia.

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