El factor político

04 Abr 2020 | 6:12 h

Hace tiempo que esto no es cuestión de simpatías políticas, sino de sentido común y humanidad.

Aunque a hora mismo parezca lejano, llegará el momento –dentro de algunas semanas, quizá meses– en que las limitaciones ocasionadas por la expansión del coronavirus serán levantadas y recuperaremos nuestra libertad. ¿Va a cambiar el coronavirus la forma en que viviremos?

A decir del científico y periodista Javier Sampedro, la respuesta será un categórico «no». En un persuasivo artículo publicado en el diario El País («Contra el optimismo»), Sampedro muestra su escepticismo ante las opiniones que vislumbran un mundo más luminoso al final del largo túnel de esta cuarentena.

Experiencias similares vividas en el pasado lo llevan a asegurar: «La gente se olvidará del coronavirus, los daños económicos acabarán asumidos por las clases bajas y medias, la ciencia volverá a no importarle a nadie y la desigualdad intolerable seguirá medrando».

Sin embargo, hay un campo donde resulta difícil compartir esa visión inamovible: la política. Ante el coronavirus, los gobiernos han reaccionado de dos maneras: aceptando su gravedad y enfrentándolo, o menospreciando sus alcances y aumentando su letalidad al perder un tiempo valiosísimo.

Felizmente, entre los primeros se encuentra el gobierno peruano, que supo reaccionar con diligencia, imponiendo un paquete de medidas sensatas y oportunas. Sus voceros – especialmente Martín Vizcarra y María Antonieta Alva– han logrado persuadir a la población de la necesidad de cumplirlas, lo que se ha traducido en una alta aprobación de las mismas.

Entre los segundos se cuenta una larga lista de gobiernos populistas de izquierda y derecha que han manejado la crisis con una mezcla de irresponsabilidad, improvisación y bufonería que la ha agravado o está por hacerlo: Boris Johnson en el Reino Unido, Andrés Manuel López Obrador en México, Jair Bolsonaro en Brasil o Donald Trump en los Estados Unidos.

Las consecuencias de su desempeño son irremediables y en algunos casos, como Bolsonaro, ya comienzan a ser evidentes, con millones de brasileños dándole la espalda y pidiendo que deje la presidencia. Tarde o temprano ocurrirá lo mismo en los demás países, sobre todo en los Estados Unidos, donde el actual crecimiento de la curva de contagio avizora entre 100 y 240 mil muertes, lo que inevitablemente definirá la campaña electoral de 2020. Hace tiempo que esto no es cuestión de simpatías políticas, sino de sentido común y humanidad.