Distanciamientos Mientras no haya otra fórmula contra el COVID-19, se tendrán que evitar las aglomeraciones. En la foto, un paradero de la avenida Javier Prado, antes muy nutrida, durante la cuarentena. Foto: Andina.
Distanciamientos Mientras no haya otra fórmula contra el COVID-19, se tendrán que evitar las aglomeraciones. En la foto, un paradero de la avenida Javier Prado, antes muy nutrida, durante la cuarentena. Foto: Andina.

El Perú en un mundo poscoronavirus

Reflexiones. Con mucha incertidumbre aún, se vislumbran intensos cambios que marcarán el futuro los peruanos.

David Pereda
26 Mar 2020 | 16:25 h

Solidaridad, aislamiento, control, tecnología, recesión, nuevo orden... El mundo después de la actual pandemia se vislumbra distinto. Para unos, empezamos un paréntesis que dará lugar a una vida con cambios importantes. Para otros, casi estamos ante el inicio de una nueva era. El Perú, en esa incertidumbre, ya reflexiona sobre lo viene, si bien, como en todo el planeta, lo prioritario en este momento es lograr superar la enfermedad.

El filósofo esloveno Slavoj Žižek calificó esta pandemia como golpe a lo Kill Bill al sistema capitalista: “síntoma de que no podemos seguir en el camino que hemos seguido hasta ahora”, dijo en RT (Rusia Today). Y que esto puede traer “el virus de pensar en una sociedad alternativa, (…) más allá del estado-nación, una sociedad que se actualiza a sí misma en las formas de solidaridad y cooperación global”, que “obligará reinventar un comunismo basado en la confianza en las personas y en la ciencia”.

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Al contrario, el filósofo surcoreano Byung-Chul Han dice que “el virus no vencerá al capitalismo”, pero sí podría cambiarlo. “Confiemos en que tras el virus venga una revolución humana. (…) tenemos que repensar y restringir radicalmente el capitalismo destructivo, y también nuestra ilimitada y destructiva movilidad”, dijo en El País (España).

El historiador israelí Yuval Noah, autor de Sapiens: De animales a dioses, advierte que esta pandemia traza un dilema entre vigilancia totalitaria y empoderamiento ciudadano, porque el monitoreo de la salud de las personas abre camino para totalitarismos o mayor ciudadanía. “Esos datos no deberían ser usados para crear un gobierno todopoderoso. Más bien, esos datos deberían permitirme tomar decisiones personales más informadas y al gobierno dar cuenta por sus decisiones”, dijo en el diario inglés Financial Times.

Otra disyuntiva es entre aislamiento nacionalista y solidaridad global, porque puede primar el “cada quien por su lado” o sumar esfuerzos. “¿Recorreremos el camino de la desunión, o adoptaremos el camino de la solidaridad global? (…). Si elegimos la solidaridad global, será una victoria no solo contra el coronavirus, sino contra todas las futuras epidemias y crisis que podrían asaltar a la humanidad en el siglo XXI”, sostiene.

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La vida será diferente al menos mientras no haya cura eficiente. El Imperial College de Londres sostiene que la mejor estrategia para frenar la pandemia requiere que nos confinemos dos meses de cada tres. Y el mes que podamos salir, las normas sociales deberán cambiar drásticamente, lo que afectará principalmente a los más vulnerables.

Hegemonía y recesión

Por su lado, los analistas estadounidenses Kurt M. Campbell (Grupo de Asia) y Rush Doshi (Iniciativa de Estrategia de China de la Institución Brookings) consideran que “el coronavirus podría remodelar el orden global”, con un posible pase de la hegemonía global desde Estados Unidos a China. “Beijing entiende que si se lo ve como líder, y se ve que Washington es incapaz o no está dispuesto a hacerlo, esa percepción podría alterar fundamentalmente la posición de los Estados Unidos en la política global y en la competencia por el liderazgo en el siglo XXI”, sostuvieron en la revista Foreign Affairs.

Pese a la inoperancia de Washington, abogan por un cambio de rumbo en que muestre “lo que se espera de un líder”, algo que “requerirá cooperar efectivamente con China, en lugar de desgastarse en una guerra de narrativas sobre quién respondió mejor”.

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En la economía, la única certeza parece ser que se gesta una gran recesión. La consultora internacional Capital Economics, con sede en Londres, estima que la caída este año sería de 1% en el producto total, que significa que “sería el peor año para la economía global desde la década de 1940”. En un reciente documento, considera que “la mayoría de las economías volverán a su trayectoria del PIB anterior a la crisis dentro de un par de años, aunque con una pérdida permanente de producción mientras tanto”.

“Es improbable una recuperación duradera en los mercados hasta que veamos evidencia clara de que la propagación mundial del coronavirus se está desacelerando, Permitiendo que finalicen los bloqueos”, dice Neil Shearing, jefe de Capital Economics.

“Si los efectos a corto plazo del virus son inciertos, entonces los efectos a largo plazo son inconsignables”, agrega. No obstante, menciona que, al afectar confianza y balances, habría mayor ahorro en los consumidores y menor inversión de las empresas.

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A esto se suman posibles cambios en la producción de bienes. Sin vacuna accesible para el Covid-19, si se le detecta considerable potencial infeccioso en materiales como plástico y acero inoxidable, se dejaría de fabricarlos como hasta ahora. Como se sabe, un estudio del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de Estados Unidos concluyó que el patógeno permanece de dos a tres días en ambos materiales.

“Se necesitan más investigaciones para demostrar el potencial infeccioso del virus luego de permanecer en estas superficies”, nos comentó la médica Magaly Blas, de la Universidad Cayetano Heredia, luego de revisar el estudio de la entidad norteamericana.

En el Perú, la afectación tendría particular intensidad. Ya a inicios de febrero, la Unidad de Inteligencia de The Economist advertía que seríamos, con Chile, uno los países más expuestos a efectos de la pandemia, incluso más que economías emergentes en el Asia.

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“Es probable que las revisiones a la baja de nuestras previsiones de crecimiento del PIB se limiten a los países más expuestos a los precios de los productos básicos y a la demanda de China, incluidos Chile y Perú. (…) En general, Chile y Perú parecen estar más expuestos al impacto directo de una demanda de importación más débil de China”, pronosticó entonces, cuando la pandemia todavía mantenía algunas voces escépticas.

Entre tanta incertidumbre, las reflexiones sobre lo que se vienen todavía son muy variadas. Lo que sí parece claro es que el mundo que conocimos dará un vuelvo importante. Cómo nuestro país podamos adaptarnos será medular para nuestro futuro.

Lo social en tiempos de coronavirus

Para la socióloga Silvana Vargas, directora de Responsabilidad Social de la PUCP, la llegada del coronavirus ha evidenciado “nuestra escasa predictibilidad” y, además, ha hecho “más nítidas las enormes brechas de desigualdad en el Perú”.

En una columna para La República, Vargas sostiene que, “luego de esta crisis, deberemos ceder enormes espacios de libertad individual para garantizar el bienestar de todos”.

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“Anticipo cambios importantes en cuatro frentes”, sugiere. Estos serían, desde su perspectiva, los siguientes:

"Una inminente revolución tecnológica que abarcará megaprocesos como la transformación digital y uso de TIC a gran escala, un cambio radical en las dinámicas de formación profesional y estructura del mercado laboral, la reconfiguración de los vínculos sociales en lo cotidiano (que implicará, a la par de la revolución tecnológica, una a nivel de los valores); y cambios en el ejercicio del poder, con “gobierno digital”.

Un antes y después en la política peruana

Para el politólogo Jorge Aragón, investigador del Instituto de Estudios Peruanos (IEP), la pandemia de COVID-19 en el Perú marcará un punto de referencia en el debate político nacional.

“Varias instituciones, como el Congreso, y los diferentes líderes políticos que no están relacionados con la gestión de esta crisis corren el riesgo de convertirse en políticamente irrelevantes”, sostiene en una columna publicada por este diario.

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En su texto, destaca que la crisis sanitaria “muy probablemente influirá en la manera cómo peruanos y peruanos piensan en qué esperar y demandar del Estado”.

Esto, por consiguiente, traería “una cierta revaloración de lo público frente a lo privado”.

“Desde los noventa nos hemos acostumbrado como sociedad a las salidas individuales y a desconfiar de lo público y lo estatal. Esta crisis pone en cuestión la posibilidad de seguir de esa manera”, señala.