¿Con la OEA o sin la OEA?

“América Latina seguirá siendo una región en la cual todas las opciones, incluyendo la militar, siguen abiertas”.

Alberto Adrianzén
19 Mar 2020 | 7:30 h

La idea no estaba equivocada, pero era inviable porque no tenía ni fuerza ni credibilidad. Me refiero al frustrado intento de la Cancillería de llevar al embajador Hugo de Zela a la Secretaría General de la OEA. La prueba de ello es que el Perú acaba de retirar su candidatura porque, como dice la nota de prensa de la Cancillería, “no recibió el apoyo esperado” (16/03/22).

Es cierto que la propuesta peruana caminaba hacia un tibio y confuso no alineamiento frente a una polarización regional y a la internacionalización de la crisis venezolana que la administración Obama había iniciado al declarar a ese país, el 9 de marzo de 2015, una “amenaza para la seguridad nacional de EEUU”. Cuando se le preguntó a de Zela qué opinaba sobre las candidaturas de Luis Almagro apoyado por EEUU y de María Espinosa presentada por dos países del Caribe, afirmó: “lamentablemente son una expresión de la polarización que existe en el continente” (El Comercio 31/12/19).

El fracaso de la candidatura del embajador de Zela por no contar con el “apoyo necesario” tiene varias explicaciones detrás.

La primera es que su candidatura no contaba con el apoyo de EEUU y de la mayoría de países del Grupo de Lima que podían considerarse socios cercanos del Perú. Solo hay que recordar que, a pocos días de su lanzamiento, su candidatura fue criticada públicamente por EEUU: Mauricio Claver-Carone, principal asesor de Trump para América Latina, dijo que la propuesta peruana es “francamente divisoria” e “innecesaria” (El Comercio 18/12/19).

La segunda es que en un escenario regional polarizado y en el cual el país hegemónico (EEUU) promueve y lidera esa polarización, el centro, que es el lugar donde se quiso ubicar la candidatura peruana, no existe, y si existe es de extrema debilidad. La polarización ha llegado a tal grado que la candidata ecuatoriana Espinosa, no es apoyada por el gobierno ecuatoriano, y que la de Almagro tampoco lo fue en un inicio por el anterior gobierno uruguayo. Lo que demuestra esta situación es la fuerza y la hegemonía de EEUU en la región al imponer su candidato; así como que esta competencia electoral que se definirá este 20 de marzo (salvo que se postergue) es también un enfrentamiento políticoideológico y que la polarización regional continuará más allá de quién sea el ganador o ganadora.

La tercera, es la desconfianza de los países progresistas frente a un país, como es el Perú, que participó activamente, sobre todo en el gobierno de PPK, en la creación del Grupo de Lima, que se alió con EEUU e incrementó esta polarización regional como también al interior de la OEA. Con este pasado era difícil aparecer como un país “no alineado” como pueden ser el México y la Argentina actuales, y el Uruguay del Frente Amplio. Dicho de otra manera, la derecha ni los progresistas confiaron en la candidatura peruana En este contexto lo mejor sería abstenerse en la votación y tomar distancia del Grupo de Lima. Lo peor: votar por Almagro.

Es probable que Luis Almagro, que es un instrumento de la diplomacia norteamericana, gane una vez más la Secretaría General de la OEA. Y si a ello le sumamos la reimplantación de la Doctrina Monroe por el gobierno de Trump, solo diremos que América Latina seguirá siendo una región en la cual todas las opciones, incluyendo la militar, siguen abiertas, si no analicen el reciente acuerdo militar entre Brasil y EEUU que ha sido calificado por el Jefe del Comando Sur de las FF.AA. norteamericanas de ser un “acuerdo histórico”.