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Un orgullo llamado Javier Pérez de Cuéllar

El adiós. Pesar y reconocimiento por la partida del peruano ejemplar, notable diplomático y decidido demócrata. Hoy se velan sus restos en Torre Tagle.

Homenaje al ex secretario general de la ONU.
Homenaje al ex secretario general de la ONU.

Por: Carlos Páucar

La ONU se declaró de luto por el fallecimiento del peruano ilustre, universal, ejemplar, Javier Pérez de Cuéllar. El organismo declaró su pena y destacó la trayectoria de quien fuera su secretario general.

En el mundo y el Perú hubo varias muestras de pesar, por el fallecimiento, a los 100 años, del máximo representante de nuestra diplomacia.

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El secretario general de la ONU, António Guterres, lamentó su fallecimiento y recordó que tuvo un “rol crucial en una cantidad de éxitos diplomáticos, incluyendo la independencia de Namibia, el fin de la guerra Irán-Irak, la liberación de los rehenes estadounidenses en Líbano, el acuerdo de paz en Colombia y, en sus últimos días de gestión, un histórico acuerdo de paz en El Salvador”.

En el país, la bandera de Perú ondeaba a media asta en edificios públicos en honor al prestigioso diplomático y probado demócrata. En las redes sociales lamentaban que no haya podido lograr la presidencia en 1995, “hubiera sido un excelente mandatario”, comentaron. El Archivo General de la Nación publicó, en Twitter, un documento de colección: el pasaporte de JPdC de 1947.

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El diario El País, de España, publicó un obituario con una foto del peruano al lado de Yasser Arafat y destacó que será enterrado con honores de jefe de Estado. The Washington Post se refirió al diplomático “de voz suave”, el quinto secretario general de la ONU.

Cancillería y el Servicio Diplomático se declararon de luto. Se anunció el velatorio hoy en la sede de la Cancillería.

“Fue brillante en todos los campos en que actuó”

Allan Wagner - Director Academia Diplomática

El embajador Javier Pérez de Cuéllar era un diplomático por excelencia, en el sentido que era un hombre que entendía la diplomacia como el arte de la negociación y lo practicaba de una manera realmente eximia. Esto lo demostró en sus funciones como embajador del Perú en diversos países, pero sobre todo se hizo evidente cuando alcanzó a ser Secretario General de las Naciones Unidas.

Pérez de Cuéllar logró que las Naciones Unidas recuperara su capacidad de acción para resolver importantes conflictos armados, en diversos lugares del mundo. Esto lo hizo fundamentalmente alcanzando a generar confianza hacia él por parte de los países miembros del Consejo de Seguridad y por esa vía poner en marcha a los Cascos Azules, es decir, las Operaciones de Mantenimiento de la Paz por parte de las Naciones Unidas, que hasta ese momento habían estado prácticamente inactivas. Esto permitió resolver conflictos muy importantes que había en lugares como Centroamérica, Medio oriente, Africa, etcétera.

Algunas de las acciones más importantes fueron la paz en Centroamérica, trabajando conjuntamente con el grupo de Contadora y de Apoyo de Lima. Luego la paz entre Irán e Irak, una guerra muy prolongada, en la que logró mediar y encontrar una solución a ese conflicto. También en el caso de la invasión de Sudafrica a Namibia, en la independencia de Namibia. Son algunos de los casos más saltantes de su gestión.

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Al punto que cuando Javier Pérez de Cuéllar concluye su segundo periodo, fue reconocido como un extraordinario Secretario General que le dio a las Naciones Unidas una nueva perspectiva y una nueva capacidad de acción, que antes de él no había tenido.

¿Es un referente para la nueva generación de diplomáticos del Perú? Sin duda, lo es. Al punto que la Academia Diplomática del Perú, que me honro en ser su director, lleva el nombre de Javier Pérez de Cuéllar.

Fue un hombre múltiple: diplomático, internacionalista, hombre de estado, demócrata. Al mismo tiempo de ejercer la diplomacia para su país, nunca dejó de ser diplomático peruano. Fue un artífice de la paz mundial, al mismo tiempo tuvo una vocación de servicio al Estado, a través de la candidatura que presentó a la Presidencia y luego de aceptar el cargo de la Presidencia del Consejo de Ministros y ministro de Relaciones Exteriores, durante el gobierno de transición del presidente Valentín Paniagua.

Fue un hombre múltiple, sí, brillante en todos los campos en que actuó. Un orgullo para todos los diplomáticos y, al mismo tiempo, para todos los peruanos.

Liderazgo. Pérez de Cuéllar al frente de la ONU. Aquí con Ronald Reagan y George Bush.

“Con los pies bien puestos en la tierra”

Diego García-Sayán - Exjuez CorteIDH

Amplia cultura, fino gusto literario y aire distraído que lo hacía parecer distante del “ruido” cotidiano y de decisiones sobre temas duros y contingentes: conflictos armados, abusos de autócratas o gestiones de gobierno. Tuve la suerte de estar cerca de JPC en varias coyunturas complejas y poder apreciar su solvencia conceptual y política, su manejo de las relaciones políticas e institucionales y su capacidad de tomar decisiones sobre temas difíciles.

En tres circunstancias distintas tuve la suerte de estar cerca de JPC.

En la primera, cuando era Secretario General de la ONU a inicios de los 90 e impulsaba las negociaciones de paz en Centroamérica para que Guatemala y El Salvador salieran de sangrientos años de guerra interna. Fui un joven integrante del equipo negociador de un proceso exitoso; pero que no lo hubiera sido sin la intervención directa y a alto nivel de nuestro compatriota en momentos críticos que hacía indispensables gestiones ante Gorbachov, Fidel Castro o Reagan. Se trataba de acabar con efectos de la guerra fría cuando eso se veía como una misión imposible.

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La segunda, fue su candidatura presidencial en 1985 para intentar derrotar a quien ya se había ungido en el Perú, desde el autogolpe del 92, en autócrata. Renuncié a mi posición en la ONU para apoyarlo en se campaña. No se pudo. Se luchó cuesta y con reglas y conductas gubernamentales parcializadas comprobándose, entre otras cosas, la interceptación telefónica continuada.

La tercera, cuando él (JPC) y Valentín Paniagua me invitaron a ser parte del gobierno de transición. El liderazgo de ambos y el conjunto de decisiones y políticas de “sanación” nacional que dicho gobierno impulsó, cambiaron en pocos meses el ánimo y la realidad nacional. A partir de allí la economía empezó a crecer sostenidamente.

Gracias, pues, querido Javier, por lo que hiciste por nuestro Perú y gracias, también, por haberme hecho partícipe de ese arduo e inacabable caminar “desfaciendo entuertos”.

Por la Paz. En Villa El Salvador, al lado del primer alcalde del distrito, Michael Azueta. (Foto: Jaime Razuri / AFP).

“Un enorme peruano”

Julio Schiappa - Analista político

Un amigo, minutos después de enterarnos de su muerte, me dijo que don Javier Pérez de Cuéllar fue un “peruano enorme”. Tan enorme como Jorge Basadre, Haya de la Torre, José Carlos Mariátegui, Fernando Belaunde, José Carlos Mariátegui, Alfonso Barrantes Lingán y Valentín Paniagua. Estadistas y hombres hechos para gobernar, educados para ser de una élite dirigente y capaces de enfrentar todas las adversidades y desafíos imaginables.

Algunas anécdotas lo pintan de cuerpo entero. Como cuando en el largo viaje ´por tierra, de inicio de su campaña Presidencial de 1995, desde la frontera con Bolivia hasta Lima, me contó que había logrado resolver la terrible guerra entre Irán e Irak porque se “había ganado la confianza de Sadam Hussein”. Sospechaba que Sadam lo vigilaba con medios electrónicos. Nunca dijo nada que hiciera sospechar al carnicero de Bagdad. Era un negociador por excelencia, maestro del secreto y del arte de la diplomacia.

Quizás el episodio más brillante de su vida, aparte de una fulgurante carrera diplomática, fue su intervención en la campaña electoral de 1995.

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Nos dijo un día que el sólo buscaba impedir que se consolidara lo que el consideró el más funesto régimen de la historia del Peru. Hombre de físico frágil, de salud siempre delicada y con 73 años a cuestas, entró al Perú, en viaje casi clandestino, por el puente binacional en la frontera entre Bolivia y Perú. Esperó en la frontera, tiritando dentro de un vehículo a las 3 a.m., durante dos horas acompañado del General Mauricio, Carlos Chipoco y su esposa Marcela Temple. Ese era otro rasgo definitorio de Javier Pérez de Cuéllar; el valor y la resilencia, enfrentando el poder sin límites de Montesinos y Fujimori con la fuerza de su legado moral e intelectual.

Ejemplo de esa resilencia fue su elección como Secretario General de las Naciones Unidas en 1981, a pesar de haber sido baloteado por el Senado para ser Canciller.

Fue también el más universal de los peruanos. Viajó a 110 países durante su vida, fue diplomático en una docena y negoció dos grandes acuerdos de paz: Irán-Irak y el que puso fin a la cruenta guerra civil de El Salvador. Si había un hombre de paz era él. Sí pues, fue el más universal de todos nuestros compatriotas de todos los tiempos.

Enorme peruano, como dijo mi amigo.

Diálogo. Con Yasser Arafat. Pérez de Cuellar enfrento cruciales conflictos en el mundo. (Foto: Derrick Ceyrac / AFP)

Javier González-Olaechea Franco - Politólogo

Don Javier fue mucho más que el más destacado Secretario General de las Naciones Unidas de la historia. Así lo entendió cuando en su testimonio, Peregrinaje por la Paz, afirma “el Secretario General deberá proponer de manera convincente los ideales que permitan que se unan todos los pueblos del mundo”. Ese deber de servir y de no servirse ofrece testimonio de su grandeza moral.

Admirado, habiendo escuchado todos los coros celestiales y pisado todas las alfombras rojas posibles, don Javier, diplomático y político ecuménico, hombre de todas las sangres, no dudó en ponerse al servicio de una causa patriótica cuando aceptó sin condiciones ser candidato a la presidencia en 1995 liderando un equipo demócrata que incluyó al director de este diario, el ingeniero Gustavo Mohme Llona, muy comprometido con las causas sociales.

Quienes tuvimos la inmensa fortuna de conocerlo y acompañarlo casi cotidianamente, pudimos conocer la grandeza de su alma llena de sabiduría y de bien hacer. Sabía escuchar a todo visitante y reflexivamente pensaba antes de tomar alguna decisión. Fue el candidato que nunca atacó, que jamás ofendió, a sabiendas que la contienda contra el presidente candidato era asimétrica en muchos terrenos, menos en el de una vida intachable.

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La campaña llevó a don Javier a transmitir la veracidad de los problemas institucionales y estructurales del país, pero también a reconocer la valía de reformas económicas emprendidas desde 1990. Tan así de veraz fue esta historia que fue el mismo Don Javier que elegido presidente Fujimori propició sendas reuniones con los capitanes del Fondo Monetario Internacional, del Banco Mundial, del Banco Interamericano y otros foros internacionales para propiciar la salida del país del aislamiento internacional. Se podría colegir que don Javier, y es una paradoja política, compitió por la presidencia con un beneficiario, el presidente Fujimori, de su amor por el Perú.

Finalmente, cuando cumplió 90 años le pregunté por qué no había postulado a un tercer mandato en Naciones Unidas. Mira tocayo, me dijo, el presidente Bush, el inteligente, me invitó a almorzar y me pidió que postulara afirmando que tenía todos los votos del Consejo de Seguridad ante lo cual le agradecí y le pedí que me diera una razón. Bush le contestó, es que Usted no ha cometido un solo error embajador. Pensó don Javier y agradeciendo dijo, entonces ese sería mi primer error, historia que me confió contar cuando partiera. El Perú se rinde ante su gran magisterio.