Testigos relatan en juicio cómo ocurrió la masacre de Cayara

Mayo 1988. Comuneros de Cayara en la plaza del poblado bajo vigilancia militar.

Testimonios. Aseguraron que fueron militares quienes sacaron de sus casas a sus parientes y los ejecutaron acusándolos de senderistas el 14 de mayo de 1988.

La República
04 Mar 2020 | 5:14 h

Elías Navarro, Ayacucho

A 31 años de la masacre de Cayara, testigos relatan en juicio oral las formas y circunstancias en que sus familiares fueron sacados de sus domicilios. Aseguran que fueron torturados y asesinados por militares que los acusaban de estar vinculados a Sendero Luminoso.

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Todos narraron las atrocidades que vivieron durante la masacre de 39 comuneros el 14 de mayo de 1988, en Cayara, Ayacucho. Los relatos los hicieron volver a las entrañas de una página de terror y de dolor vividos en los años de la violencia, en esta región.

Hasta mañana, los jueces de la 4a Sala Penal Especializada en Crimen Organizado de Lima, Hans Contreras (presidente) Armando Salvador Neyra y Otto Verapinto Márquez recibirán las declaraciones de los testigos presenciales de crímenes cometidos por militares.

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Por estos hechos, 34 militares, entre ellos, el entonces jefe político militar José Valdivia, y su Estado Mayor Operativo que participaron en el plan operativo “Persecución”, fueron acusados de asesinato, tortura y desaparición forzada en agravio de 39 comuneros de Cayara.

Para Gloria Cano, abogada de Aprodeh, organismo que patrocina a familiares de las víctimas, la declaración de los testigos es importante porque relatarán la verdad de lo ocurrido, cómo es que los militares llegan a Cayara y atentan contra la vida de los campesinos. También la violencia sexual que existió contra mujeres.

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Son ocho los testigos que ayer declararon. Dijeron que los que cometieron la masacre en Cayara eran militares: “estaban uniformados con chompas de color negro, pantalón verde y la mayoría tenía pasamontañas y estaban armados con fusiles”.

Los abogados de los acusados, en especial del general EP (r) José Valdivia, quien ordenó ejecutar el operativo “Persecución”, señalaron que había “contradicciones” en los testimonios de los testigos.

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Durante la sesión se revelaron nuevos hechos. Benedicta Valenzuela de Tinco contó a los jueces que fue ultrajada sexualmente por 3 militares. El 14 de mayo de 1988 ella se encontraba en su casa cuando los soldados llegaron a pie. “Me preguntaron ¿dónde está tu esposo? Les dije que viajó a Huamanga. No me creyeron y me sacaron a golpes y llevaron a la plaza de Armas con las manos atadas y luego a la iglesia. Vi que a unos 5 varones los tenían dentro de la iglesia, entre ellos estaba Indalecio Palomino. Las mujeres estaban afuera. A mí me amarraron a un palo y me vendaron los ojos. A los varones los tiraron al suelo, golpearon y mataron a balazos: ‘Terruco, ahora vas a morir’”, les decían.

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Benedicta afirma que luego la llevaron con los ojos vendados al municipio de Cayara, donde estaba Domitila Esquivel “a quien la manoseaba el jefe de los militares”. “A mí me sacan tres militares y me llevan dentro de una casa y ahí me han violado y se fueron...”.

Un abogado le preguntó: ¿por qué nunca declaró haber sido violada? Uno de los jueces le respondió: “Porque no se lo preguntaron”. Benedicta reaccionó: “No hablé antes porque tenía miedo, vergüenza, pensé que me iban a hacer venganza, ahora voy a decir la verdad”. Su esposo Justiniano Tinco llegó después de 2 días a Cayara. Era el alcalde encargado y quiso renunciar, pero no se lo permitieron. Ocho meses después fue asesinado según la indagación por militares.

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Había cadáveres tirados en la iglesia

Domitila Esquivel Fernández tenía 23 años cuando ocurrieron los hechos. Se encontró con una patrulla militar en Erusco cuando se dirigía de Huamanga a Cayara y fue detenida junto a otras personas. Después de dos horas fue liberada y llegó a Cayara a las 10 de la mañana. “Cuando llegué a Cayara, el pueblo estaba silencio, habían pocas personas, me puse en el patio sentada hasta que llegaron los militares. Me preguntaron ¿Dónde estabas? Le dije en Huamanga. No me creyeron y me llevaron a la plaza, frente a la iglesia. Dentro de la iglesia estaban personas tiradas en medio de charcos de sangre. La señora Benedicta estaba amarrada a un palo con los ojos vendados. Había dos soldados que estaban cuidando en la puerta de la iglesia. He visto que dentro de la iglesia había cadáveres tirados y sus familiares estaban llorando en la puerta.

Luego, dijo, que a ambas mujeres lo llevaron al local de la Municipalidad de Cayara. “Nos golpearon diciendo dónde están los terrucos. Estuvimos 24 horas con los ojos vendados”.En otro ambiente del municipio también habían otras personas detenidas como César de La cruz quien decía “no me maltraten, déjenme por favor”.

“Los empezaron a golpear diciendo terrrucos”

Julia Tarqui Palomino, desde su chacra, llegó a Cayara junto con su esposo Indalecio Palomino Jayo y sus hijos. Ellos eran los mayordomos y por la mañana realizaron la misa a la Virgen de Fátima y estaban desatando las flores cuando llegaron los militares y detuvieron a Indalecio Palomino.“A mi esposo y a Teodosio Noa, Patricio Jayo y Dionisio Sandy Tello los introdujeron a la iglesia y empezaron a golpear diciendo terrucos. A nosotros nos botaron a balazos diciendo ¡váyanse!, y nos fuimos a nuestras casas de miedo”.

Julia quiso entrar a la iglesia y no le permitieron. Su hijo se acercó y vió sangre dentro de la iglesia.A las cuatro personas los habían llevado por un camino hacia Mayopampa. Julia encontró allí a su esposo junto al cadáver de Teodosio Noa. La cabeza de Indalecio estaba destruida. Luego desaparecieron los cuerpos de las cuatro personas asesinadas.

“Encontré a mi esposo muerto, debajo del molle”

Urbana Noa Suárez vivía con su esposo Artemio Gonzáles Palomino. Cuando regresaban de la chacra, los militares la detuvieron diciendo: “ya sé por qué estás regresando”. Luego fue separada de su esposo junto con otras personas. Ella y otras mujeres se retiraron del lugar, pero en el camino le dijeron que a su esposo que se lo estaban llevando a Mayopampa.

“Unas horas después encontré a mi esposo muerto debajo del molle, en Ccahuaypampa, pero al día siguiente desaparecieron todos los cuerpos", recordó.

“Es un gran dolor, no puedo olvidar, por eso quiero justicia”

Celestina Palomino Tarqui tenía ocho años cuando sucedió el hecho. Cuenta que el 13 de mayo habían festejando la fiesta de la Virgen de Fátima y el 14 de mayo ya estaban desatando las flores en la puerta de la iglesia cuando llegaron los militares. A su padre Indalecio Palomino Jayo y a otras personas los torturaron y asesinaron dentro de la iglesia.

“Es un gran dolor que llevo, no puedo olvidar, tengo sufrimiento, por eso quiero justicia, quiero encontrar el cuerpo de mi padre y enterrarlo. Eso me aliviará un poco”.

El móvil de la masacre

De acuerdo a las investigaciones, el 13 de mayo de 1988, a las 22:30 horas, el convoy del Ejército conformado por dos vehículos de la Base de Pampa Cangallo fue emboscado por senderistas cerca al paraje denominado “Erusco”, anexo del distrito de Cayara, provincia de Víctor Fajardo, ocasionando la muerte de 4 militares y otros 15 quedaron heridos.A la 1 y 30 de la madrugada del 14 de mayo, el jefe de la Base de Huancapi es informado del atentado, ante lo cual ordenó la salida de una patrulla con dirección a Erusco, llegando a las 5 y 30 de la mañana, para ubicar al personal militar sobreviviente.

El entonces jefe político militar José Valdivia Dueñas convocó a sus oficiales del Cuartel de Ayacucho quienes elaboraron, aprobaron y pusieron en marcha el Plan Operativo “Persecución” cuyo objetivo era realizar operaciones ofensivas a partir de las 5 y 30 horas del 14 de mayo de 1988 en las localidades de Huancapi, Erusco, San Pedro de Hualla y Huancaraya para capturar y/o eliminar a los terroristas que participaron en la emboscada.

Las patrullas incursionaron en Cayara y pueblos aledaños desde las 9 horas del 14 de mayo de 1988 en busca de elementos subversivos para lo cual cerraron el acceso a la carretera. En la entrada del poblado dieron muerte a Máximo Asto Palomino. Continuando su marcha, encontraron a un grupo de pobladores en el exterior de la iglesia que bebían licor y celebraban la culminación de la festividad de la Virgen de Fátima. Al verlos procedieron a detener a 5 varones, a quienes encerraron en la iglesia y los eliminaron al día siguiente. Horas después a las 3 de la tarde, los militares tomaron conocimiento que la mayor parte de la población de Cayara se encontraba en Ccehua, por lo que se dirigieron a ese lugar donde reunieron a cerca de 80 pobladores entre hombres, mujeres y niños.

Luego seleccionaron a los varones jóvenes y adultos, obligándolos a echarse en el piso boca abajo, para luego caminar sobre sus espaldas que habían sido cubiertas con plantas de cactus. Momentos después, ejecutaron a 23 personas en un paraje cercano. Al día siguiente, hicieron lo mismo con 3 pobladores. Las evidencias demuestran que en la quebrada de Ccehua fueron enterrados sólo algunos de los cadáveres de las personas ejecutadas por los militares, ya que los demás cuerpos fueron trasladados a las alturas de Hualla. Sin embargo, al hacerse públicas las ejecuciones extrajudiciales, los militares desenterraron los cadáveres en Cchehua y se los llevaron a Hualla donde los incineraron.