Fotocheck político de febrero

“Martín Vizcarra. La ruleta ministerial no les ha gustado nada a sus seguidores. Sus mayores problemas van a ser dentro del Ejecutivo mismo”.

Mirko Lauer
17 Feb 2020 | 4:14 h

Julio Guzmán. ¿Cómo recuperar su imagen de niño bueno dañada hace poco? El partido no está contento con el 7%+ obtenido, y con ser el último de los que entraron. Además, se perdió la imagen de relación privilegiada con el popular Vizcarra. Pero es difícil (no imposible) imaginar mejor locomotora para el 2021, salvo que salgan a buscar en el mercado.

Manuel Merino de Lama. El virtual presidente AP del Congreso tiene experiencia parlamentaria, y está a punto de recibir el clásico presente griego. Pero tendrá que entenderse con un partido dividido (lo que influirá en la bancada), un Congreso fragmentado y con algunos sectores extravagantes, y relaciones cada vez más difíciles con el Ejecutivo.

Rocío Silva Santisteban. La única que trae los visos de un programa feminista al nuevo Congreso, un encargo que la pondrá al centro de varios debates, en no todos con posibilidades de triunfo. Pero es un tipo de liderazgo con perspectivas de largo plazo. El impulso feminista tiene posibilidades de cobrar más fuerza que el proyecto izquierdista, si no lo ha hecho ya.

Salvador del Solar. Sigue liderando la intención de voto, mientras ejecuta una gran estrategia del muertito. La cual incluye no haberse acercado a ningún partido, y probablemente no lo haga hasta el final. ¿Cuán coyuntural es realmente su buena estrella? El percance de Guzmán ha sido una ayuda, pero también un aviso sobre lo resbaloso que está el piso político.

Daniel Urresti. Su medio millón de votos en cierto modo hacen de él un nuevo Kenji Fujimori. Algunos lo ven como el mesías de la leyenda populista. Empezó chocando con el partido que lo llevó, y ha tenido que calmarse. Pero se siente presidencial, y eso lo volverá una incómoda piedra en varios zapatos, sobre todo porque es proclive a los errores.

Martín Vizcarra. La ruleta ministerial no les ha gustado nada a sus seguidores. Sus mayores problemas van a ser dentro del Ejecutivo mismo. ¿Qué va a hacer cuando deje la presidencia, además de defenderse de sus previsibles enemigos? El 2026 se presenta muy lejano, pero aun así una candidatura en perspectiva es un buen parapeto frente a los dardos.