Pasado y futuro del PPC

“El Perú necesita una fuerza política que defienda valores tradicionales desde una perspectiva democrática”.

Rafael Roncagliolo
15 Feb 2020 | 3:12 h

He leído que un joven reclama a los dirigentes del Partido Popular Cristiano (PPC) que sus principios han sido “maltratados por corrientes de izquierda”. El maltrato habría consistido, según la versión periodística, en la defensa de la unión civil que supuestamente ha asumido el PPC.

El dato sería anecdótico si no constituyera un síntoma de algo más grave: justo cuando el papa Francisco retoma a Juan XXII para repensar algunas añejas tradiciones e impulsar renovaciones, hay quienes reclaman un retorno a las cavernas.

El PPC, como su antecedente, el Partido Demócrata Cristiano (PDC), expresaron con énfasis el pensamiento social cristiano, cuyas fuentes principales son las Encíclicas Sociales, sobre todo la Rerum Novarum de 1891 y la Quadragesimo Anno de 1931. Sin embargo, el PPC se fue volviendo un partido cada vez más pragmático, como lo demostró su pacto con el aprismo y otros pactos no menos contradictorios.

Ha sido semillero de líderes muy importantes para el Perú, empezado por Luis Bedoya Reyes y Lourdes Flores Nano, así como de multitud de disidencias en su largo recorrido desde la afirmación doctrinaria inicial hasta las opciones puramente electorales de las últimas coyunturas. También han surgido, por supuesto, jóvenes dirigentes muy respetados como Marisol Pérez Tello y Alberto Beingolea.

Pero, salvo unas pocas excepciones, los partidos europeos y latinoamericanos de esta orientación se han fundido en la Internacional Popular, bajo la égida del Partido Popular de España. Han pasado así a ser parte orgánica de la derecha democrática mundial. A pesar de que el título de “Popular” rememora el antiguo “Partido Popular” del Padre Luigi Sturzo y Alcide de Gasperi, fundado en 1919, que combatió al fascismo italiano y luego dio origen a la Democracia Cristiana Italiana.

Como afirma el Diccionario de Política dirigido por el célebre Norberto Bobbio, a partir de Juan XXIII y sus Encíclicas Mater et magistra (1961) y Pacem in terris (1962), “...resulta evidente que la Iglesia no dispone de soluciones definidas y que el pensamiento social cristiano no puede usarse como ideología ni puede constituir la base cultural de un partido”.

Jacques Maritain, inspirador y amigo cercano de los fundadores de los partidos demócrata cristianos, sostuvo en su tiempo una desavenencia con Emmanuel Mounier, el director de la revisa Sprit, que incluía este tema. ¿Debe haber partidos con título de cristianos o los cristianos deben mezclarse con los no cristianos para la acción política sobre proyectos que no son propios ni exclusivos de la Iglesia? El tiempo parece darle la razón a Mounier.

Sin embargo, más allá de estas consideraciones, el desastre que vive el PPC es lamentable para la vida política peruana. El Perú necesita una fuerza política que defienda valores tradicionales desde una perspectiva democrática. La desintegración, para nada deseable, del PPC, podría dejar el campo libre a las fuerza autoritarias, machistas, y hasta delincuenciales, que tanto daño han hecho al Perú y que, por suerte, tampoco han salido tan bien paradas de las últimas elecciones.