Es solo un hasta luego...

“He intentado en estas columnas proponer una cierta pedagogía decolonial y de género desde mi perspectiva feminista y antipatriarcal”

Rocío Silva Santisteban
11 Feb 2020 | 6:12 h

En el año 2007 el director de Domingo de ese entonces, mi amigo y colega Mario Munive, me invitó a escribir una columna en el suplemento. Antes, con este mismo título, Kolumna Okupa, escribí durante cuatro años en el diario El Comercio (1998-2001). Desde 2007 y hasta el día de hoy nunca dejé de escribir la columna una vez a la semana, primero los domingos, luego los martes como hoy. Aunque estuviera en las provincias altas del Cusco con soroche, o en reuniones del Parlamento Europeo, o dictando clases en alguna universidad de América Latina, o resfriada en mi cama, no dejé de expresar mis ideas en estos pocos caracteres sobre temas tan disímiles como el extractivismo o los feminicidios. Por supuesto, sin esconder lo que es el núcleo duro de mi espíritu crítico: ser feminista, ser de izquierda, ser creyente.

He intentado en estas columnas proponer una cierta pedagogía decolonial y de género desde mi perspectiva feminista y antipatriarcal; he insistido en un tema que no es parte del debate público aún como son los derechos de la naturaleza; he escrito sobre esterilizaciones forzadas, sobre el terruquismo y sobre poesía; he reconocido el legado de varias peruanas y peruanos, desde José Watanabe hasta Gonzalo Portocarrero, incluyendo a muchas mujeres como Angélica Mendoza de Ascarza, Nancy Moreno o Máxima Acuña de Chaupe y extranjeras como Rosa Luxemburgo o Rita Segato; he transitado mares tormentosos como los casos de ejecuciones extrajudiciales, de violaciones sexuales y de desaparecidos durante el conflicto armado interno, defendiendo posiciones principistas; y sobre todo, he reflexionado sobre la izquierda peruana desde adentro: no tanto como análisis sino como impulso de un debate desde las bases, desde las prácticas concretas del día a día, desde la reflexión a largo plazo y programática que tanto se evita durante las justas electorales.

Debo agradecer a Gustavo Mohme, director de La República que, durante todo este tiempo, jamás me dijo ni me llamó ni hizo el más mínimo comentario sobre ningún contenido de las mismas. He escrito de manera libérrima. Tanto así que hasta en una ocasión he criticado al propio Chicho Mohme, y se me ha permitido publicar ese texto. Eso es libertad de prensa, lectores y lectoras.

Una de las normas internas del diario es que cualquier colaborador o periodista que pase a tener un cargo público no puede seguir escribiendo. Lo supe desde siempre y es lo único que me apena de mi actual cargo… aunque será breve. Por lo tanto, como dice la canción, “es solo un breve adiós” y que sea así porque tengo la esperanza de que “todos vuelven”.

Ante todo gracias totales a ustedes, lectores y lectoras, por estas 634 columnas.