La encrucijada del Apra

“Cuando el Apra pierde a García este ya no era la garantía de resurgimiento que alguna vez fue. Ni siquiera había logrado ser un mediador decisivo en las pugnas internas que hoy paralizan al partido”.

Mirko Lauer
09 Feb 2020 | 6:09 h

¿Qué va a pasar ahora en el Apra? Si no aparecen propuestas nuevas, la respuesta es que nada. La cosa pinta difícil. Gracias al JNE mantendrá su inscripción y podrá competir el próximo año. Pero nada sustantivo puede cambiar en ese plazo. Mientras tanto muchos dan por sentada la desaparición que sus enemigos le vienen pronosticando desde hace un buen tiempo.

El éxito del Apra se apoyó sobre todo en una combinación variable de añosos planteamientos de Víctor Raúl Haya de la Torre, conceptos de la social-democracia asumidos a medias, y el hábil manejo de ideas de centro. Esto le permitió durar casi tres cuartos de siglo en la primera fila de la política, ser una presencia decisiva en el Congreso, y llegar dos veces a la presidencia.

El partido ya ha estado en situaciones parecidas. Mercedes Cabanillas obtuvo 4% del voto presidencial en 1995, Abel Salinas 1% en el 2000. Ese mismo año el voto parlamentario fue 6%. Permitieron salir de eso el enorme carisma de Alan García, los rezagos de una ideología progresista, bolsones de lealtad histórica, y un aparato partidario nacional operativo.

A partir de un momento la fórmula se empezó a descompletar. Ya en el 2016 García había perdido su magia política. El progresismo se transformó en los 14 años de un pragmatismo de derecha. Los bolsones históricos de preeminencia electoral desertaron, y eso afectó al aparato partidario por todo el país. El proceso fue irregular, pero persistente. Los resultados están a la vista.

Cuando el Apra pierde a García este ya no era la garantía de resurgimiento que alguna vez fue. Ni siquiera había logrado ser un mediador decisivo en las pugnas internas que hoy paralizan al partido. A esas alturas mucho más que García había sido perdido por la centenaria organización. No parece que un culto al expresidente ayude mucho en el futuro.

Es posible que mantenerse en la situación actual, con las figuras actuales, pueda resultar peor que la desaparición. No es realmente una situación de pocos votos, sino de pocas perspectivas. Un partido a imagen y semejanza de sus recientes líderes parlamentarios no tendría mucha razón de ser en una política peruana saturada de pragmáticos derechistas.