Cuando ‘todes’ es una obligación moral

02 Feb 2020 | 6:32 h

“Algún día los blancos y los heterosexuales dejarán de ser la referencia de la cultura, en ese camino vamos y es solo justo para con el resto de humanxs”.

La primera vez que vi la palabra todes fue en la puerta de la casa donde una querida amiga bisexual celebraba su cumpleaños. Decía: “¡Bienvenides todes!”. Me resultó simpático. Y si bien sentía absoluto respeto por quienes quisieran usarlo en la privacidad de su casa sentía que usarlo yo era incómodo porque lo sentía artificioso, no veía la necesidad de hacerlo.

Tres años después escribo desde mi exilio en Atenas, Ohio, donde vine a estudiar becada por la Universidad de Ohio. Aquí he conocido y departido en espacios públicos y privados con personas que son abiertamente gay, transexuales, bisexuales, pansexuales, de género fluido y más; aquí abiertamente todas las personas valen y son respetadas por ser personas y no por cómo se definen desde el género. Hay profesores, estudiantes, miembrxs de la comunidad abiertamente siendo quienes son. Hay niñes en todo el espectro también, creciendo como púberes o adolescentes en un mundo que les permite consolidar su identidad de manera mucho más libre y sin la represión de cuando muchos de nosotrxs éramos pequeñxs.¿Cómo negarle a quien está en búsqueda de su identidad, el derecho a sentirse respetadx y reconocidx? Sería no solo poco saludable sino injusto.

Las personas aquí se presentan diciendo con qué pronombres prefieren ser nombradas: puede ser una mujer de nacimiento que se identifica con he/him o con they/them; o un hombre de nacimiento que se identifica con she/her o they/them, etc. Mi hije, por ejemplo, se identifica como pansexual y con los pronombres they/them. Y la mayoría de sus amigues en la escuela son de género no-binario. Cuesta en un principio adaptarse a usar los pronombres porque no es fácil deshacerse del prejuicio sedimentado por nuestra educación donde lo que ves como mujer es mujer y lo que ves como hombre es hombre como si fuera todo lo que vale.

En inglés –a diferencia del español– mayormente los sustantivos y adjetivos son de género neutro, por eso aquí la diferenciación se hace con los pronombres y es algo que comienza a tomar cada vez más cotidianidad, al punto que el diccionario de inglés más antiguo, Merriam-Webster, añadió en el 2019 el uso de they/them como pronombre singular no-binario.

No aceptar y respetar el no-binarismo es caer en un reduccionismo injusto del espectro de género. Todas las personas merecemos ser nombradas como nos percibimos y queremos presentarnos ante el mundo. Nadie merece ser nombradx contrario a sus deseos e identidad; nadie merece ser borradx por el idioma hegemónico. Aunque la RAE no lo reconozca aún, no necesitamos esperar que el diccionario culturalmente validador de lo patriarcal y hegemónico nos dé permiso para respetar la identidad de una persona que te pide la reconozcas mínimamente como quien es. Es mera sensibilidad. ¿Por qué quiénes se identifican fuera de las categorías hombre-mujer deben someterse al aplanamiento binario de su identidad? Es como si a un señor le llamaras todos los días señora. ¿Por qué las personas que se sienten cómodas con las categorías hombre-mujer y no se sentirían cómodas con otras no pueden tener esa misma sensibilidad hacia quienes se sienten fuera de esas categorías?

Tres años después entendí por qué el todes no es artificioso y cuán necesario es ser sensibles a las necesidades y derecho de inclusión de otrxs que no son como yo. Algún día los blancos y los heterosexuales dejarán de ser la referencia de la cultura, en ese camino vamos y es solo justo para con el resto de humanxs. Mientras tanto, ejercitemos un poco la sensibilidad y el respeto al otrx. Es un aprendizaje, un proceso, pero que no va a darse si no lo echamos a andar.