Los castigados

El rechazo electoral a los partidos contrarios al 30 de setiembre.

Editorial Editorial
31 Ene 2020 | 0:40 h

Las recientes elecciones parlamentarias suponen en severo castigo para un abultado grupo de partidos políticos, en primer lugar, Fuerza Popular, que ha pasado de 73 curules obtenidos el 2016 a 13, y apenas el 7% de votos.

A sus socios en la obstrucción les ha ido tan mal como a ellos; el Apra obtuvo 2,7% de votos y Contigo 1%, ambos no pudieron superar la valla electoral y sus principales voceros dejarán el Congreso. El PPC solo obtuvo 4% de votos y Solidaridad Nacional corrió la misma suerte; el 1,4% de votos obtenidos por este último grupo no se condice con la millonaria campaña electoral desplegada.

Los cinco grupos tienen algo en común, tacharon la disolución del Congreso del 30 de setiembre como un golpe de Estado y acudieron al proceso electoral haciendo malabares respecto de uno de los temas de fondo, la corrupción.

La mayoría de ellos pretendió convertir las elecciones en un ajuste de cuentas contra el gobierno y dejaron claro que su propósito era reponer el discurso de confrontación y la práctica obstruccionista, incluyendo entre sus objetivos la vacancia de la presidencia de la República.

Hicieron más; desplegaron una campaña que no se sustentaba en propuestas sino en el miedo, pronosticando el apocalipsis moral y legal si ellos no ganaban las elecciones. Uno de sus argumentos era que Martín Vizcarra pretende reelegirse y cambiar la Constitución actual por una de corte chavista. Los electores no les creyeron.

El balance que los líderes de estos partidos hacen de su debacle electoral es extraña. Aducen que fueron objeto de una contracampaña cuando, el revés, las únicas campañas las protagonizaron ellos. De hecho, ninguno de estos partidos podría argüir que fueron silenciados porque al concluir el proceso electoral se evidencia que tuvieron más exposición en comparación a los resultados obtenidos.

En el análisis de la derrota les falta la autocrítica, es decir, el reconocimiento de que fue completamente errada realizar una campaña persistiendo en el encono. Por lo mismo, es una mala señal que Solidaridad Nacional y Fuerza Popular pretendan insistir en ese camino, en tanto es apreciable que en el Apra y el PPC se exija que los dirigentes responsables de la derrota den un paso al costado.

En cualquier caso, lo sucedido con estos grupos el 26 de enero es un aviso para ellos y para los que intentan legitimar un discurso odioso y pendenciero desde cualquier espacio de la política. Este aviso es claro, los ciudadanos han rechazado una forma de hacer política desde el rencor.