Adiós al táper

Un Congreso plural e inclusivo.

Editorial Editorial
28 Ene 2020 | 5:41 h

Desde donde se mire, el acto electoral del 26 de enero implica una saludable renovación de la representación luego de años de insistente bloqueo de la mayoría de los intentos de ampliar la democracia y hacerla más plural e inclusiva.

Es cierto que la posibilidad de un Congreso altamente fragmentado dificulta el logro de consensos. Sin embargo, también es cierto que el anterior Congreso tuvo en su origen una mayoría absoluta en manos del fujimorismo, y que esta posición no fue usada para la adopción de leyes y mejorar el funcionamiento del Estado, sino para obstruir la agenda pública dentro y fuera del Parlamento. En esta nueva oportunidad para la gobernabilidad, las bancadas parlamentarias tendrán el desafío de acordar desde una posición de minoría en un juego de fuerzas que será vigilado por la opinión pública.

Al margen del número de bancadas en el nuevo Congreso, se escucha en las últimas horas una opinión crítica felizmente minoritaria que subestima hasta la burla la irrupción en el Congreso del FREPAP, el brazo político-religioso del la Asociación Evangélica de la Misión Israelita del Nuevo Pacto Universal. Sostienen como argumento la poca preparación política de los legisladores que tendrá ese partido y el hecho de que los votos que recibieran en las elecciones fueran sorpresivos y no “propios”.

Habría que responderles que la Constitución y las leyes fijan los requisitos de la elección parlamentaria, que ese partido ha elegido en otras oportunidades representantes al Congreso y a los municipios, y que participa en los procesos electorales desde el año 1990. Habría que añadir que entre los políticos acusados de corrupción se encuentran varios de alta preparación profesional, lo que no ha sido óbice para su falta de escrúpulos con los recursos del Estado.

Es siempre adecuado que la representación recoja la pluralidad de un país y su diversidad política, esto último a propósito también de la elección de legisladores de UPP y Podemos. Lo ideal en una democracia es que los humores de la sociedad se reúnan en el Parlamento, siempre en una dinámica de respeto a las reglas y a las diferencias. La tesis del pensamiento único envilece la democracia.

Es destacable que todo esto sea resultado de un proceso electoral más transparente que los anteriores, sin táperes y sin la disposición de millones de soles de dinero oscuro y sucio, en una campaña más austera y más auténtica, en la que tampoco han funcionado el miedo y las advertencias apocalípticas de los partidos rechazados por los electores.

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