Gio Infante, un radical del cambio

26 Ene 2020 | 7:20 h
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“Tuvo una muy precoz consciencia social y política iniciando su activismo por los derechos LGTBIQ desde los 15 años”.

Con solo 31 años Gio ha hecho por el Perú más de lo que muchos harán en toda una vida. Gio Infante es ya parte de la historia peruana de las luchas humanas por los derechos de las personas. Y sí, Gio era mi amigo y amigo de muchos peruanos de clase media que activamos en las calles protestando por los derechos de todos, pero Gio es mucho más que eso. Y el reconocimiento que merece va más allá de ser ‘conocido’ de periodistas, activistas o políticos, como han enfocado su muerte en muchos medios. Gio es un peruano que debe ser reconocido y recordado por haber contribuido a la lucha en nuestra historia por los derechos de peruanos marginados y oprimidos. Un peruano que los defendió en las calles pero no solo en las calles. También fue impulsor y parte de varias iniciativas legales y de políticas públicas para cambiar el injusto statu quo de los marginados y legalizar sus justos y merecidos derechos.

Siendo todavía un adolescente, Gio entendió las opresiones y abusos sociales e institucionales en forma de homofobia, racismo y clasismo que son aún epidemia en el Perú. Tuvo una muy precoz consciencia social y política iniciando su activismo por los derechos LGTBIQ desde los 15 años en que ingresó al Movimiento Homosexual de Lima (Mhol), llegando a ser su director y luego presidente teniendo apenas 25 años. Junto con el intachable congresista Javier Diez Canseco y otros importantes activistas, impulsó las primeras iniciativas de ley contra la discriminación y odio hacia las personas y comunidades LGTBIQ. Si hay políticos que lo conocen es porque Gio desde su independencia partidaria y como ciudadano y activista, se reunió con ellos, incluso hasta con los más recalcitrantes conservadores para sustentar el reconocimiento de derechos de las comunidades marginadas. Yo misma alguna vez lo acompañé y no dejaba de asombrarme su energía, su convicción, su persistencia pese a la indiferencia de muchos de esos conservadores encumbrados en poder. Gio también hizo docencia a través del periodismo. Dirigió uno de los primeros programas de defensa de derechos por internet, “A puño cerrado”, y apoyaba la causa y lucha feminista, tanto como la anticapitalismo abusador, y anticorrupción. Estuvo probablemente en todas las marchas por estas causas, incluso cuando su salud estaba frágil. Yo lo recuerdo en todas las marchas contra la abusiva neoliberal ley Pulpín.

Y sí, Gio era radical, era lo que algunos llaman hoy con indolencia y desdén, un extremista. No un extremista violento, pero sí un extremista en sus posiciones a veces sin espacios de negociación. Gio no estaba tan fácilmente dispuesto a canjear agendas mínimas si lo merecido eran las de completo derecho. Gio es de aquellas personas que no solo son parte de nuestra sociedad sino que la construyen, la transforman para mejor. Gio era gay, mestizo y de clase media. Pero no se quedó en la conformidad ni en la sola queja. Eligió hacer una diferencia desde el activismo, el periodismo y la crítica social. Ojalá los medios de comunicación comprendieran su rol en destacar ejemplares y personas sencillas de las luchas que transforman y resaltaran sus vidas en vez de la de tanto personaje vacuo que no aporta nada.

Gio ya no estará acá cuando un día el Perú reconozca en todos sus niveles institucionales los derechos de las personas sin discriminación por género. Pero como algunos otros, él es parte de quienes abrieron el camino por una sociedad auténticamente igualitaria y digna. Gio es parte hacedor de esta nuestra Historia.