Carta al teniente Shogún

“Es imposible no conmoverse con un relato tan personal como el de Lurgio Gavilán, el cual considero imprescindible”.

Pedro Salinas
22 Ene 2020 | 7:09 h

Lurgio Gavilán (Ayacucho, 1973) es un resiliente que ha vivido demasiadas vidas en apenas cuarenta y seis años. Fue niño senderista. Luego militar. Y más tarde, franciscano. Actualmente es antropólogo y profesor universitario. Es autor del libro Memorias de un soldado desconocido (2012), y no hace mucho publicó Carta al teniente Shogún (Debate, 2019).

Estas cartas dirigidas a Shogún, el alias de un militar asignado a pelear en Ayacucho durante la guerra interna, se detienen en el momento en que, Gavilán, apresado con un grupo de senderistas es llevado al paredón para ser fusilado.

“Pensaba en lo que me pasaría. Pensé en mi brazo, que sería cercenado con el cuchillo en el ritual del combate contra el vencido. Pensé luego qué sería de mis pies, mis orejas, mi lengua; tal vez los cortarían, como lo hicieron con muchos de mis camaradas; después sería incinerado para no dejar huellas de mi existencia, o lanzado a los buitres. Sería hecho pedazos”, relata Lurgio en las primeras páginas. Páginas que devoré luego de escucharlo en el LUM, haciendo una performance para The Reading Show, esa extraordinaria iniciativa de Romina Mella y David Hidalgo que pone en escena extractos y recreaciones de libros que son leídos por sus propios autores.

Volviendo al punto. Shogún dio la orden de disparar a todos los camaradas de Lurgio Gavilán, pero a él le perdonó la vida. Por eso, la misiva abierta a Shogún, cuyo nombre real desconoce, es la de una persona agradecida que reflexiona sobre la vida. Sobre la suya en particular. Pero también sobre el Perú y su conflagración bélica. “Te volviste para mí alguien como Miguel Grau Seminario, quien les daba protección a sus enemigos de guerra. Eso hiciste conmigo”, apunta el humilde escritor ayacuchano.

“¿Por qué no me mataste?”, se pregunta Lurgio, una y otra vez, a lo largo del centenar de páginas que exudan catarsis, algo de exorcismo, y describe una realidad brutal, la del conflicto armado. Es imposible no conmoverse con un relato tan personal como el de Lurgio Gavilán, el cual considero imprescindible, pues a veces percibo en no pocas personas las pocas ganas de saber que en el Perú se vivió una guerra, una guerra de la que, pareciera, no hemos aprendido absolutamente nada.

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