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Se acaba el año

“Se han dictado tantas órdenes de prisión preventiva que ante la siguiente, ya solo alzamos las cejas. Igual que con los papelones de los partidos de izquierda”

La Republica
Maruja Barrig

El que sigue es un balance parcializado y para viejos, del año que termina: sobre la muerte, la vejez, la política.

1. Para mi padre, leer el diario era una ceremonia casi solemne. Hasta que llegaba a la sección de Defunciones. Y comenzaban los comentarios en voz alta del tipo: ¡Se murió Juan! Pero si era más joven que yo. O también ¿Pedrito? ¡Era de mi promoción! Con esa soberbia consustancial a la adolescencia y juventud, escuchábamos esos alegatos que traslucían los temores de quien siente la muerte acechar.

Hoy, que tengo la edad de un lector de avisos funerarios, me sumerjo en silencio en las mismas exclamaciones. Partieron queridos amigos este año que termina. No tenían que haberse ido tan pronto, no era su tiempo; si es que hay algo como un tiempo para irse. Igual siento esas muertes injustas, parte de la congoja. Y de una intuición: estamos cerca.

2. El que inventó que la sabiduría se acrecienta con los años era, como todo optimista, un pelmazo. No se es más sabio: somos más viejos y, por lo tanto, menos saludables. Las conversaciones de quienes estamos en la tercera edad son estrechas y repetitivas. Empiezan con la cadera que me está matando, siguen con la artrosis y la operación de cataratas. Me contaron que un grupo de amigas se había impuesto una regla: iniciar la reunión con quince minutos de intercambio de partes médicos, para llamarlos de alguna forma, y punto; ninguna otra mención a la salud después de ese tiempo. Me temo que podría no haber mucho de qué hablar al cumplir ese pacto.

Y en medio de todo esto, simplemente el envejecimiento. Como ironiza Lauer en un poema: Ahora la vejez me ha vuelto/ un verdadero artista de la mentira: /debilidad por todos los poros/ modestia en cada frase/ sentimientos hábilmente impostados/ versos falsamente confesionales 1.

3. Histriónico y extremo, el suicidio de Alan García fue uno de los hitos de la política en este año que termina. Que compite con otros, igualmente extremos, como la disolución del Congreso. Se han dictado tantas órdenes de prisión preventiva que ante la siguiente, ya solo alzamos las cejas. Igual que con los papelones de los partidos de izquierda. Esta indiferencia, que gotea frente a las próximas elecciones, encoge los hombros hacia las más de 160 mujeres víctimas de feminicidio este año, y de los dos jóvenes muertos en un McDonald’s, víctimas también pero del capitalismo salvaje, como diríamos los comunistas.

4. Para despedir el año, otro poema. Un fragmento de Réquiem (3) de Antonio Cisneros, que viene al caso: A las inmensas preguntas celestes/ no tengo más respuesta/ que comentarios simples y sin gracia/ sobre las muchachas/ que viven por mi casa/ cerca del faro y el malecón Cisneros/ Y no pretendan ver/ en la cháchara tonta esa humildad/ de los antiguos griegos. Ocurre apenas/ que las inmensas preguntas celestes/ sacan a flote/ mi desencanto y mis aburrimientos/ Que a la larga / me tienen dando vueltas/ como un zancudo al final de la tarde 2.

1 En “Sologuren”. Mirko Lauer, 2018.

2 En “Las inmensas preguntas celestes”. Antonio Cisneros, 1992.