Gobierno sujeto con babas

“Lo que cabe esperar de Vizcarra de acá al 2021 es la misma grisura. Después de todo, ya bastante parece haber hecho al tumbarse a la prepotente e insensata oposición”.

Juan Tafur
08 Dic 2019 | 1:59 h

Ojalá el presidente Vizcarra sea consciente de la magnitud del desmadre social o político que acaecería si su régimen colapsa en medio de la mediocridad gubernativa o la impericia política, las que muestra con irrefrenable despliegue (véase nomás la tormenta Petrozzi, ocurrida en un vaso de agua).

Según Datum la aprobación de Vizcarra ha caído 18 puntos desde que disolvió el Congreso. En Ipsos, 19 puntos, y en IEP 17 puntos. Por cierto, nadie esperaba que el presidente se mantuviese encaramado en su triunfo sobre la élite política fujiaprista representada en el obstruccionista Congreso anterior, pero no deja de sorprender la velocidad de la caída.

Según todas las encuestadoras, los dos más graves problemas que afronta el país son, hoy en día, la inseguridad y la corrupción. ¿Cómo le va al gobierno en ambas materias? De acuerdo al IEP, respecto de la lucha anticorrupción, un 27% considera que el gobierno lo está haciendo bien o muy bien. Es en lo que mejor le va. Pero en ese mismo aspecto, un abrumador 34% estima que lo hace mal o muy mal.

Y donde le va espantosamente es en materia de lucha contra la inseguridad y delincuencia. En ello, apenas un 8% califica la gestión del gobierno como buena o muy buena. Y un devastador 53% señala que lo está haciendo mal o muy mal.

Vizcarra ha salido bien librado hasta el momento porque los astros se han alineado a su favor. La enorme informalidad, la labor anticorrupción de jueces y fiscales, y el referéndum y posterior cierre del Congreso han servido de válvula de escape, gracias a lo cual no solo se ha alejado la posibilidad de un estallido social como el sucedido en nuestros países vecinos (Chile, Bolivia, Colombia y Ecuador) sino que se ha “normalizado” la atmósfera política y así se ha acotado la eventualidad de que surja algún candidato disruptivo para las jornadas del 2020 y del 2021.

Pero eso puede cambiar si Vizcarra reitera su medianía o si le descubren alguna inmoralidad (queremos suponer que mantiene activas sus alertas). Apenas lo ha raspado la reverberación de algunas gestiones cuestionables a su paso por el gobierno regional de Moquegua, pero el presidente debería saber que sus enemigos andan al acecho. Y deberá saber que si acaso algo lo toca efectivamente, su gobierno se desplomaría como un castillo de naipes.

Lo que cabe esperar de Vizcarra de acá al 2021 es la misma grisura. Después de todo, ya bastante parece haber hecho al tumbarse a la prepotente e insensata oposición. Y hay que tener siempre presente que si el aprofujimorismo lograba sus propósitos, hoy el Perú estaría sumergido en una crisis pavorosa, condición propicia para el advenimiento de aventureros en la venidera contienda presidencial. Eso sí hay que agradecerle a la astucia provinciana del primer mandatario.

Sin embargo, está obligado a algo más que eso. A un celo escrupuloso respecto de posibles actos de corrupción, Vizcarra está obligado a sumarle una gestión gubernativa capaz de mejorar al menos algunos de los problemas que agobian a los peruanos de a pie. Si no lo hace, sobrevolará en medio de un quehacer gubernativo preocupantemente precario, sujeto con babas.

-La del estribo: una joya bibliográfica el libro póstumo de Efraín Trelles, Balón y Poder. Lolo Fernández y el sueño colectivo de los peruanos en el siglo XX. Personalmente, varios personajes entrañables en juego: para empezar el propio Cholo, quien fuera mi tutor en la academia Trener y colega en algunas redacciones periodísticas, y el gran Lolo Fernández, mi entrenador en los calichines de la U. Un gran libro sobre la historia del Perú, de la mano de una de sus leyendas deportivas y sociales de mayor hondura.

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