TOLA

País por Cultura

“En sus manos está el acervo intelectual de nuestro país (BNP), nuestra memoria más reciente (LUM) y nuestra imagen como nación (TvPerú)”.

Raúl Tola
07 Dic 2019 | 1:21 h

El escándalo por la salida de Hugo Coya de la presidencia de TvPerú desembocó en la renuncia de Francesco Petrozzi como ministro de Cultura. Si es verdad que el gobierno decidió sacar a Coya con la intención de emplear al canal del Estado como una agencia publicitaria para frenar su caída en las encuestas e iniciar una remontada (una idea descabellada que parte del absurdo de pensar que TvPerú maneja el sentido de la opinión pública), la jugada no pudo salir peor. Lo más probable es que, al haberle infligido semejante golpe a su imagen de pluralidad y respeto democrático, la caída de su aprobación se agudice.

Más allá de los cálculos políticos detrás de este autogol, conviene entender qué dice este caso de la importancia que la cultura tiene para nuestros gobernantes.

La alta rotación en el Ministerio de Cultura (el sucesor de Petrozzi será el noveno en el cargo desde 28 de julio de 2016) resulta sorprendente para una cartera que no parecería la más compleja y conflictiva del gabinete. Una posible interpretación para este fenómeno sería que, al verla como poco relevante, el gobierno no se haya hecho problemas en hacer concesiones —Guillermo Nugent en el LUM, María Emma Manarelli en la Biblioteca Nacional, el propio Coya en TvPerú— y dejar caer ministros sin pelear.

Otro dato revelador es la multiplicidad de perfiles entre quienes han ocupado el sector Cultura desde que Pedro Pablo Kuczynski asumió la presidencia. ¿Qué tienen en común Jorge Nieto con Salvador del Solar? ¿Ulla Holmquist con Alejandro Neyra? ¿Luis Jaime Castillo con Francesco Petrozzi? Evidentemente, con elecciones tan contrastadas es imposible hablar de una política cultural coherente y planificada.

Esta suerte de menosprecio al Mincul proviene de la miopía del Ejecutivo, que no ha comprendido la relevancia de las materias que lo ocupan y la alta conflictividad que encierran. Por emplear los ejemplos citados, en sus manos están el acervo intelectual de nuestro país (la Biblioteca Nacional), nuestra memoria más reciente (el LUM) y nuestra imagen como nación (TvPerú). Cuando Alonso Cueto asegura que «la cultura, en cualquiera de sus acepciones, es el núcleo unificador de una sociedad» está diciendo que, sin su cultura, el Perú no sería el Perú. Subestimar algo tan delicado es conspirar contra nuestros fundamentos como nación.