Más que palabras

La Cumbre contra el Cambio Climático en Madrid.

Editorial Editorial
03 Dic 2019 | 6:00 h

La Cumbre del Clima (COP25) que se ha inaugurado hace unas horas en Madrid –trasladada a esa ciudad por la imposibilidad de Chile de recibir a los visitantes– debía dar inicio a una nueva fase en la lucha de la humanidad contra el Cambio Climático, es decir, echar a andar los acuerdos de la cumbre de París del año 2015, donde concluyó la primera etapa.

No obstante, el frío inicio de sus trabajos hacen pensar ya en resultados muy modestos. El primer hecho es la falta de un liderazgo mundial de este propósito, expuesto en la abstención que hacen frente a este evento los principales países emisores de carbono, EEUU, China e India, y la resistencia que siguen realizando los sectores conservadores que desconfían de la evidencia científica.

Por esa razón, el secretario general de la ONU ha sido especialmente severo al reclamar resultados en la jornada inaugural de la COP25. Les ha preguntado a los líderes del mundo si desean ser recordados como la generación que enterró su cabeza en la arena mientras el planeta ardía. Para la ONU esta es una coyuntura crítica que presenta una disyuntiva inevitable entre la rendición, que pone en peligro la salud y la seguridad de todos en el planeta, o las soluciones sostenibles.

Lo cierto es que las alertas científicas han llegado a un límite, el que marca la falta de voluntad política en combinación con las presiones que ejercen los poderes nacionales que se resisten al cambio en la perspectiva del desarrollo sostenible. Hoesung Lee, presidente del Panel Internacional del Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés), ha informado que la evaluación científica indica que los impactos del calentamiento son más graves de lo que se pensaba antes, y que los gobiernos no estaban haciendo lo suficiente, de modo que “ni nos acercamos a lo que sería suficiente para dominar esta situación”.

Serán más de 50 los jefes de Estado y de Gobierno que hablarán en la COP25, aunque esas presencias ya no entusiasman como antes, no solo porque entre ellos no estarán la mayoría de los principales países emisores de carbono, sino porque a la hora de los compromisos se acaban el juego de palabras.

Como se pudo apreciar en la pasada Asamblea General de las NNUU, la lucha contra el cambio climático depende en gran medida de la capacidad de acción de los ciudadanos y de la resolución que exhiban ante la falta de voluntad de sus gobiernos. Tienen ahí sentido las palabras de Guterres, quien demanda hacer realidad la ambición política que pide la gente, porque hacer menos sería una traición al conjunto de la familia humana.