SALINAS

Ana quiere morir con dignidad

“La Defensoría del Pueblo ha decidido respaldarla y defender sus derechos”.

Pedro Salinas
01 Dic 2019 | 1:56 h

Ana Estrada (42) padece de polimiositis. Se trata de una enfermedad degenerativa muscular. Actualmente se encuentra totalmente paralizada y apenas puede mover el dedo índice derecho, los ojos y la boca. Ana vive conectada a un respirador mecánico durante la noche y durante el día depende igual del ventilador. Se cansa rápido cuando habla y a veces no puede ni comer. Entonces la alimentan a través de una sonda.

Su mente se mantiene lúcida y escribe un blog en el que reclama el derecho a una muerte digna. Todavía puede hablar, pero ello dejará de ocurrir en algún instante todavía indeterminado. Ana solo quiere una cosa. Decidir cuándo, dónde y cómo morir. Pero la legislación peruana es cruel e indolente en su caso. El Código Penal castiga a aquel que “por razones de piedad” la auxilie en el tránsito hacia su deceso. Ella, todo hay que decirlo, no quiere irse en este minuto, porque ama vivir. Pero llegado el momento, va a requerir de apoyo porque no puede quitarse la vida sola. Necesita de alguien que la ayude y que la asista.

El Estado peruano, en consecuencia, debería reconocerle ese derecho libérrimo y garantizarle a quien esté a su lado en ese dramático segundo que no sufrirá sanciones ni cárcel.

“Quiero tener la libertad de poder decidir cuándo morir. Mientras no la tenga, voy a seguir con la angustia de pensar en lo que va a pasar cuando todo se complique. No le tengo miedo a la muerte, le tengo miedo al sufrimiento que vendrá cuando me ponga peor. Si tuviese esa carta de libertad podría aguantarlo todo. No somos libres si no podemos decidir cuándo morir”, le dijo al semanario de César Hildebrandt.

Ana, una paciente desahuciada, es la primera peruana valiente que reclama una muerte digna y un suicidio asistido, y la Defensoría del Pueblo ha decidido respaldarla y defender sus derechos “para que se respete su voluntad libre e informada de decidir el cese de su vida”.

“Mi búsqueda por la muerte se ha convertido en una motivación de vida, por más paradójico que parezca (…) pero la libertad es lo único a lo que no voy a renunciar”, escribió en septiembre. Prolongar su agonía sería algo sádico y perverso. Apoyémosla.

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Mi más sentido pésame a la familia de Juan Carlos Valdivia.