TOLA

Las reputaciones

“La autocrítica ensayada está en el camino correcto, pero es insuficiente”.

Raúl Tola
30 Nov 2019 | 0:35 h

Cada semana queda más claro que en el Perú la corrupción es un fenómeno estructural. Que para la política y los negocios ha sido consustancial, funcionando como un facilitador de procesos, una manera de relacionarse o una forma de tributo. La transición del año 2000 se quedó en las capas más expuestas de la corrupción, no consiguió la profundidad que está alcanzando el caso Lava Jato ni logró fracturar una lógica que ha hecho que estas conductas se repitan.

Por entonces no se mencionó suficiente al empresariado. La poca transparencia, simplonería y falta de vocación democrática de algunos de sus representantes más connotados, que burlaron la ley donando fortunas en maletines para la candidatura de Keiko Fujimori, ha hecho que por fin los reflectores los apunten.

Aunque al comienzo hubo resistencias, los empresarios parecen haber terminado por comprender la profundidad de la crisis que atraviesan, lo que se ha traducido en las disculpas con que se abrió CADE. Solo sabremos si son sinceras cuando el tiempo y los hechos las ratifiquen. No olvidemos que ya escuchamos propósitos similares luego de la caída del gobierno fujimorista y de la publicación de los petroaudios en el gobierno de Alan García.

La autocrítica ensayada está en el camino correcto, pero es insuficiente. En organizaciones menos patriarcales, un error como el cometido por Dionisio Romero Paoletti, Vito Rodríguez o las cabezas de la Confiep que lanzaron la tramposa campaña publicitaria a favor de Fuerza 2011 habría conducido a una catarata de renuncias. Ahora mismo, varias salidas parecen inevitables —como la de Romero— y deberían completarse con un recambio generacional.

Por estos días se escucha a muchos decir que uno puede hacer lo que quiera con su dinero. Los empresarios deben entender que este es el típico argumento que los ha conducido a su actual encrucijada. Primero, porque es falso: el dinero no puede gastarse irrestrictamente, quebrando la ley y evadiendo el pago de impuestos. Segundo, porque ya no estamos en el medioevo, cuando los ricos y nobles gozaban de unos privilegios que no alcanzaban al vulgo.

Si pretenden perdurar, las empresas deben modernizarse, esforzándose por mantener una buena reputación y respetar a sus usuarios. Principios que rompieron las donaciones a Keiko Fujimori, con el enorme costo para las empresas de donde provinieron.