TOLA

El desfile

“Nunca el nombre de una CADE resultó más profético: «Una economía de mercado para todos»”.

Raúl Tola
23 Nov 2019 | 0:43 h

Luego de ver el sorprendente y vergonzoso desfile de empresarios que aportaron a la campaña presidencial de Keiko Fujimori en 2011 podemos sacar algunas conclusiones:

1. La opacidad en la contabilidad de las campañas electorales —alentada desde el Legislativo— llegó a generar verdaderas fortunas. Estas sirvieron para contratar publicidad, mantener una estructura electoral y ofrecer mítines por todo el país. Al no estar bancarizadas, lo más probable es que una buena tajada también terminara engrosando los ahorros del candidato beneficiario.

2. Un encumbrado sector de nuestro empresariado no cree en la competencia ni el libre mercado (¿acaso el fujimorismo es un partido liberal?). Lo suyo es el mercantilismo puro y duro, la defensa de unos privilegios antiguos, que los hacen sentirse autorizados a torcer la voluntad popular a golpe de dinero en maletines. El pretexto en 2011 fue la lucha contra el «chavismo» que nunca llegó, pero ¿alguien se cree que las donaciones fueran gratuitas? Eran la garantía de una acceso preferente al poder.

3. Frente a esta crisis, los empresarios deberían comprender que esta es la clase de conductas que despiertan la indignación popular y gatillan movimientos sociales como el que remece Chile. Estaría bien que de una vez por todas se quitaran de la cabeza que sus enemigos son «rojos», «terrucos», «chavistas» y otras simplonerías por el estilo, reforzadas por un entorno que ha sabido beneficiarse de contagiarles miedos. Ahora mismo, la gran mayoría que los critica la integran peruanos sin una postura política militante, que ven con indignación que los mayores beneficiados por el crecimiento de las últimas décadas son capaces de casi cualquier cosa para eternizar sus privilegios.

4. En ese sentido, nunca el nombre de una CADE resultó más profético: «Una economía de mercado para todos». Justo en la semana que viene, en medio del escándalo por los casos de Credicorp, Gloria y Volcan, de Capeco y la Confiep, los empresarios del país tendrán la oportunidad de encontrarse para reflexionar sobre esta coyuntura. Es el momento de los liderazgos modernos dentro de este sector vital, que deberán mostrar el camino a quienes se resisten a cualquier cambio. Abandonar la soberbia, hacer una verdadera autocrítica y lanzar un compromiso por el Perú sería un primer paso que el país agradecería.