El divorcio

Proceso electoral y apatía generalizada.

Editorial Editorial
14 Nov 2019 | 0:26 h

Este diario ha constatado la falta de interés y el desconocimiento de los jóvenes por los asuntos políticos, de cara a las elecciones del 26 de enero. La mayoría de los consultados por La República no tiene clara su intención de voto e ignora los detalles más importantes del proceso electoral, como quiénes pueden postular o el tiempo que estarán en el cargo los que resulten elegidos.

Lo que fluye del trabajo de campo realizado por este diario es la escasa participación de los jóvenes en la política como el principal efecto del descrédito de los actores públicos y las instituciones. Las cuatro preguntas formuladas fueron: 1) ¿Por quién votarás en las elecciones de enero?; 2) ¿A quién te gustaría ver entre los candidatos?; 3) ¿Sabes cuánto tiempo permanecerán en el Congreso los que resulten elegidos? y 4) ¿Qué opinión te merece el actual gobierno de Martín Vizcarra?

Lo que emerge de las respuestas es la falta de adhesión a un partido y candidato, la falta de información sobre quienes postulan y sobre el período que estarán en el poder los que resulten elegidos, y más aún las propuestas de las agrupaciones políticas. Si se proyectan estos resultados daría la impresión de que nos movemos en un proceso electoral cerrado, en el sentido del interés de pocos, de espaldas a la mayoría de ciudadanos.

Este divorcio no se ha producido ahora, de modo que no es un fenómeno atribuible a la crisis reciente que condujo a la disolución del Congreso. Lo destacable es, sin embargo, que la convocatoria a elecciones para un nuevo Parlamento no está ilusionando a los peruanos, especialmente a los jóvenes. De continuar este estado de ánimo, se corre el riesgo de que los comicios de enero renueven el Congreso, pero no renueven la política.

Esta apatía que mantiene el divorcio entre la política y la sociedad tiene varias causas, aunque probablemente una de ellas sea muy decisiva: la falta de ideas. En ese punto se debe anotar que la sequía de programas es aguda y que ha contagiado a candidatos nuevos o de reconocida trayectoria que ensayan ofertas insuficientes para las demandas del actual momento –como eliminar la inmunidad o reducir el sueldo de los legisladores– dejando sin respuesta a las expectativas de fondo sobre las reformas políticas, sociales e institucionales.

Se precisan rectificaciones sobre la marcha; los partidos deben dejar de operar y mirar hacia adentro. Un mejor Congreso se hace no solo con buenas personas, sino con grandes programas que recuperen la ilusión de lo nuevo.