Política

¿También arderá el Perú?

“Para ser lo que nunca hemos sido se requiere de una gran revolución ética y moral”.

La Republica

¿Puede replicarse en el Perú lo que acaba de pasar en Chile? La verdad es que nadie lo sabe. El Perú es un país impredecible donde todo puede pasar. O no. El desborde de la indignación chilena tuvo base en la desigualdad y en el reclamo a un Estado que no supo redistribuir la riqueza, descuidando sectores sensibles como la salud y la educación. Así las cosas, nuestro país podría eventualmente arder en un futuro, si nuestros próximos gobernantes y legisladores siguen dándole las espaldas a los problemas medulares de nuestra enferma nación.

No obstante, coincido con Augusto Álvarez Rodrich en que un “gran conflicto” está lejos de darse debido a una serie de factores que se han venido registrando durante los últimos tiempos. Uno de ellos, claramente, ha sido el procesamiento judicial de los expresidentes.

Desde que se enjuició por primera vez en la historia del Perú a un exautócrata como Alberto Fujimori Fujimori, un amplio sector de la ciudadanía ha visto que la justicia puede alcanzar a los más poderosos. Fujimori, luego de ser capturado en Chile, en el 2005, tuvo que comparecer ante un tribunal para responder por sus crímenes. Por el saqueo de los recursos públicos. Por su complicidad en atentados contra los derechos humanos.

Y en los años recientes, hemos visto –gracias al periodismo de investigación y a la acción de un grupo de fiscales y jueces probos– la caída de quienes nos han gobernando en los últimos veinte años por acusaciones de peculado, corrupción y comisiones en agravio del Estado peruano. Uno está al borde de la extradición. Otro se suicidó. Dos están con prisión preventiva. Y los juicios anticorrupción han alcanzado también a la sucesora del sátrapa Fujimori, así como a otros líderes políticos, incluyendo a jueces, fiscales y empresarios.

La disolución constitucional de un Congreso obstruccionista y autoritario, repudiado por la población, y las elecciones parlamentarias que están a la vuelta de la esquina, también han sido una bocanada de aire para nuestra precaria democracia.

Pero claro. Como diría Basadre, el verdadero Perú es todavía un problema: “Problema es, en efecto y por desgracia el Perú; pero también, felizmente, posibilidad”.

Para ser lo que nunca hemos sido se requiere de una gran revolución ética y moral.