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Leer bien la lección de Chile en Perú

Es clave tener acá una lectura correcta de lo ocurrido allá.

La Republica
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Chile va volviendo a la ‘normalidad’ tras la histórica marcha pacífica del viernes que congregó a 1.2 millones en Santiago y cerró una semana en la que varias de sus localidades parecieron Ciudad Gótica en la escena final de Joker, pero es claro que, tras lo ocurrido, nunca nada volverá a ser igual, ni allá ni en el resto de la región, incluyendo al Perú.

La protesta que empezó como juvenil y terminó siendo generalizada deja a Chile con un sacudón político enorme grado 9, y la urgencia de realizar ajustes muy profundos, estableciendo el desafío de entender bien qué sucedió con el fin de saber qué hacer ahora.

El desafío también es del Perú –un país en donde una parte se parece más a Chile y otra al también revuelto Bolivia–, pues cada sector político querrá interpretar lo sucedido allá para nutrir su visión de lo que se debe hacer acá, especialmente en tiempo electoral.

La Izquierda Bruta y Achorada (IBA) de Verónika Mendoza y Vladimir Cerrón, por ejemplo, está feliz con lo ocurrido pues le sirve para concluir que el ‘modelo chileno’ fracasó y que se le debe clausurar en el Perú, con un nuevo capítulo económico de la constitución que nos regrese, por el túnel del tiempo, a un Estado que decida todo.

Esa sería la peor interpretación e implicaría no entender una protesta masiva en la que coincidieron sectores con fines distintos, desde los que quieren cambiar el sistema, hasta los que reclaman ajustes profundos en este –la gran mayoría según Ipsos Chile–, pues antes del mismo no estaban mejor, para cortar la desigualdad acumulada en las décadas pasadas en el país considerado como el más exitoso de la región.

Esto requiere redefinir qué es el ‘éxito’ de una nación, lo cual debe significar un progreso que alcance a todos los ciudadanos y no solo a unos pocos privilegiados, lo cual pasa por encontrar el balance preciso entre asegurar un crecimiento potente con políticas distributivas distintas, donde pocos tendrán que ceder muchos privilegios.

Chile es la nación mejor preparada en la región para enfrentar un desafío como ese; si acierta, será el primer país desarrollado de la región. El Perú debe realizar su propia revisión cuidando que, en el intento, no erremos y volvamos al club de los peores del barrio.