Buscando el nuevo argumento

Mirko Lauer
23 Oct 2019 | 0:32 h

A medida que vemos a los mismos partidos del 2016 empezar a flexionar algunos músculos electorales, quizás debemos preguntarnos cuáles van a ser sus argumentos en la próxima campaña. Habrá mucho intento de borrón y cuenta nueva, pero para algunos encontrar un discurso convincente para los tiempos puede ser una tarea complicada.

Por ejemplo, sería natural que los partidos opositores al gobierno hagan hincapié en un restablecimiento de la democracia, a la que perciben víctima de un golpe. Presentarse como víctimas sería caso obligatorio. Pero una campaña así podría ser contraproducente, pues evocaría en el electorado la penosa performance que tuvo esa oposición en el pasado Congreso.

Hay partidos que pasaron tres años en el hemiciclo sin pena ni gloria, y que tendrán que convencer al votante de que ahora sí su presencia será diferente. Quizás su futuro no está en presentar una imagen colectiva, sino en jugarse del todo a la capacidad de seleccionar figuras populares en cada circunscripción, y esperar que eso efectivamente sume.

En otros puntos del espectro político la cosa parece más fácil, sobre todo en las listas más cargadas de rostros realmente nuevos. Pero la suma de caras y propuestas nuevas (a menudo una ilusión óptica) le puede abrir un flanco al hándicap de ser vistos sobre todo como inexperimentados. Además de que la competencia entre escobitas nuevas va a ser fuerte.

En las izquierdas el arte va a consistir en calibrar el discurso. La búsqueda de una popularidad endosable de Martín Vizcarra en algunos temas y el abrazo a las causas radicales son planteamientos que en el fondo se contradicen. Un exceso de celo en cualquiera de las dos direcciones puede costarle votos decisivos a un candidato.

Con bloques de opinión tan intensos sobre el terreno (anti-Vizcarra, anti-Congreso, anti-corrupción polipartidaria) los planteamientos más exitosos deberían ser los centristas. Pero no descartemos que el mayor ruido provenga de los extremos, donde el objetivo real no es una mayoría, sino un puñado de representantes con capacidad de grito.

Esta fuerza gravitacional de una cautela centrista es lo que podría hacer la diferencia entre el variado mosaico de posiciones del 2020, frente a lo que fue el del 2016.