Un paseo por la izquierda

“Con la experiencia de los últimos tres años se podría haber esperado una izquierda renovada. Sin embargo, parece que nada aprendieron”.

Rosa Palacios
20 Oct 2019 | 4:11 h

Un viejo chiste sobre la izquierda peruana cuenta que cada vez que logran juntar tres militantes ya están listos para dividirse. Es por cierto una exageración, pero es verdad que las divisiones dentro de una izquierda llena de líderes con más apetito que base de apoyo terminó por fraccionarla en decenas de pedacitos. El mito de una sola izquierda es tan falso como el mito de una sola derecha. Pero, de los 24 “partidos” (digamos clubes) con inscripción que habilita a postular, los candidatos que tienen una opción de centro derecha tienen más ventanillas para dejar el CV que los candidatos de izquierda que solo tienen tres firmes: Frente Amplio, Perú Libre y Juntos por el Perú.

¿Qué unía a los miembros de esta izquierda local? En lo político una apuesta por la vía democrática después del trauma de la vía armada. En este campo, en las luchas democráticas, aventajaron a grupos de derecha que tradicionalmente fueron los defensores de derechos humanos y la forma democrática de gobierno, como lo fue, en sus mejores épocas el PPC. La izquierda ocupó el espacio que desde hace veinte años aboga por las minorías. No le fue fácil, ni ocurrió de manera natural, pero se abrió en espacios muy importantes.

En lo económico, por lo contrario, se quedaron en el discurso de hace cincuenta años. La urgencia de cambiar el capítulo económico de la Constitución como única bandera (Frente Amplio) lo demuestra. ¿Qué hay en esos 32 artículos que tanto irritan a la izquierda? Las bases de una economía liberal: iniciativa privada libre, contratos entre particulares estables donde el Estado no puede meterse, propiedad inviolable que solo puede expropiarse si se paga un precio justo antes de ser transferida y rol subsidiario del Estado. Nada de aventuras empresariales donde las perdidas las pagamos todos. ¿Cambiar esto a cambio de la planificación central sin libertad, contratos modificados por el Congreso, expropiados con bonos que jamás se pagan y un Estado en control de los medios de producción? El texto de la Constitución de 1993 no admite el mercantilismo. Mercantilista es el uso del poder para rentar a fines particulares. Y eso, como la corrupción, no distingue derechas de izquierdas.

Con la experiencia de los últimos tres años se podría haber esperado una izquierda renovada. Sin embargo, parece que nada aprendieron. Modernizarse en términos económicos es misión imposible. Pero lo que parecía su ventaja en términos políticos está a punto de perderse. Yehude Simon (Juntos) fue mencionado en un codinome. Verónika Mendoza, la candidata que quedó tercera el 2016 y que no tiene inscripción partidaria para Nuevo Perú pretende ir en alianza con otro caudillo de izquierda, Vladimir Cerrón (Perú Libre). El problema de Cerrón es (además de una prisión suspendida) su posición política frente a los derechos fundamentales de las minorías. Machista, xenofóbico, homofóbico y hasta declarado anti semita. Todas las figuritas del álbum del fascismo. Como era de esperarse varios de Nuevo Perú han protestado e incluso renunciado. Así las cosas, nada hace prever que la izquierda sea la que coseche votos en las próximas elecciones.