Greta y la indiferencia

“Solo niños, jóvenes, estudiantes contra el mundo indiferente de adultos obsesionados en el progreso e ignorando la destrucción de la Tierra”

Rocío Silva Santisteban
24 Sep 2019 | 7:05 h

En 1972 un grupo de empresarios organizado en el Club de Roma se unió a varios científicos del prestigioso MIT para, usando las computadoras incipientes de la época, calcular los años en que el planeta cuente con recursos para alimentarnos y seguir viviendo. Fue la primera investigación que analizó la “huella ecológica” de los humanos. El resultado fue The Limits to Growth (Los Límites del Crecimiento), libro que produjo una reacción de rechazo en cadena, sobre todo, entre los macroeconomistas de la época. ¿Por qué? Porque la respuesta era simple y apocalíptica: si seguimos creciendo de la misma manera, el planeta no contaría con más recursos sino hacia 2050/2070. Treinta años después, en 2002, volvieron a realizar la misma simulación con tecnología de punta. Y no, no se equivocaron, al contrario, reafirmaron sus resultados: cada vez queda menos tiempo.

No sé si Greta Thunberg ha leído el libro, pero sí está enterada de los informes del IPCC (Panel Interglobal del Cambio Climático), una red de 2200 científicos, cuyos resultados son consensuados y, por lo tanto, insospechables de falaces. El último, publicado en agosto de este año, se refiere al cambio climático y la tierra, y plantea la urgencia de una gestión sostenible de los territorios para velar por la soberanía alimentaria. Greta lo cita en sus entrevistas y demuestra una clara conciencia de que su generación, adolescentes de 12 a 18 años, tendrá que enfrentar las hambrunas, las guerras por el agua, la falta de energía, las dificultades diversas en un mundo caminando al borde.

Bill Gates es optimista sobre el rol de la tecnología para evitar la catástrofe. Sin embargo, además de los caros y complejos procesos de ósmosis inversa para desalinizar agua marina, las otras posibilidades tecnológicas no bastan para hacer frente al (mal) uso de los combustibles fósiles y la energía no renovable. Por ejemplo, Liana Cisneros, activista ecoambiental, sostiene que es urgente “dejar de viajar en avión” porque la huella de carbono es tremenda. “Los pasajes baratos les salen caro a las próximas generaciones”, recalca.

¿El Perú puede entender esto? En la marcha no hubo nadie del Estado peruano: ni del Ministerio del Medio Ambiente. Ni de los partidos políticos. Ni de las grandes empresas. Ni de quienes toman decisiones. Solo niños, jóvenes, estudiantes con sus manos vacías y sus gritos, contra el mundo indiferente de los adultos emprendedores, obsesionados en el progreso e ignorando la destrucción de la Tierra.