Adiós a Ética

La oposición democrática en el Congreso reacciona.

Editorial Editorial
17 09 2019 | 00:59h

Cinco bancadas parlamentarias (Nuevo Perú, Frente Amplio, Liberal, Peruanos por el Kambio y Unidos por la República) formalizaron su renuncia a la Comisión de Ética del Congreso luego de que el fujimorismo y sus grupos satélites modificaran arbitrariamente la composición de este grupo de trabajo.

Fuerza Popular se ha fabricado una mayoría en esta comisión sin respetar los acuerdos alcanzados en la Junta de Portavoces en mayo del año pasado. Luego, ha mantenido en la presidencia a la congresista Janet Sánchez, de la bancada Contigo, que reúne tránsfugas y topos, donde cinco de sus seis miembros han sido premiados por su adhesión al fujimorismo con cargos en el Legislativo.

Esta es la primera reacción oficial de la oposición al trato del grupo que ha recobrado todo el poder en el Congreso y que afirma este a través de decisiones que ponen en tela de juicio la pluralidad del espacio parlamentario donde debería librarse una competencia con garantías democráticas. El Congreso, presidido por una figura tan maleable a los intereses de Fuerza Popular, ha empezado a maltratar a las bancadas opositoras, procesar contratos de personal a su antojo y designar a funcionarios de pésimos antecedentes en puestos delicados. En poco tiempo, la actual administración del Congreso es peor que la de Luis Galarreta, lo que ya es muy grave.

El mismo temperamento se vive en la Comisión de Educación, en cuya presidencia se ha aupado a una legisladora que, además de su falta de competencia, trae al cargo un probado conflicto de intereses que la compromete, incluso, penalmente. Ella y Fuerza Popular han forzado una colisión con el organismo supervisor de las universidades, la Sunedu, y el Ministerio de Educación. A estas alturas, es increíble que la oposición parlamentaria no haya realizado ninguna denuncia y siga asistiendo con alegría a la comedia conservadora montada ante sus ojos.

Otro tanto sucede en la Comisión de Constitución, en donde se realizan unas olimpiadas inconstitucionales, en la que compiten “especialistas” avezados como el expresidente del TC, que hace poco descubrió que la democracia consistía en no hacerle caso al pueblo. La oposición ha entrado por el aro de esta puesta en escena de lo absurdo, convalidando con su presencia la maquinaria dispuesta para alargar la decisión del adelanto de elecciones.

No hay modo en que el fujimorismo y sus satélites, con casi medio centenar de legisladores denunciados, investigados o procesados judicialmente en sus filas, hagan funcionar el Congreso con tolerancia y pluralidad. No más ilusiones.