El arte de la difamación y la venganza

Injusticias del Congreso y los medios que la justicia corrige.

Augusto Álvarez Rodrich.
4 09 2019 | 00:51h

Ayer, en el Congreso, en ese cambalache llamado ‘pleno ético’ con el que Pedro Olaechea quiso lavarle la cara a una institución que el fujiaprismo convirtió en pocilga, se hizo notar las arbitrariedades de una comisión de ética presidida por una tránsfuga como Janet Sánchez que se convirtió en verdugo entusiasta al servicio de sus propios extorsionadores.

Eso quedó claro en el discurso de la congresista María Elena Foronda a quien esa comisión ducha en el arte del ‘terruqueo’ suspendió por 120 días por contratar en su despacho a una persona que ya había cumplido condena por terrorismo, una arbitrariedad corregida por el poder judicial.

Es el tipo de venganza orquestada contra otros, como ayer contra Daniel Salaverry, quien en su intervención previa a la suspensión que le aplicaron por 120 días, destacó, con acierto, el gran prontuario de sus sancionadores.

El Congreso también usó su poder para ensañarse contra el ex premier Pedro Cateriano, a quien las fiscalías archivaron todas las denuncias inventadas por fujiapristas como Mauricio Mulder, Héctor Becerril y Jorge del Castillo, entre otros joyones del hemiciclo.

Pero el Congreso no es el único espacio del agravio infundado. Los medios son otra esfera, como la ‘denuncia’ reciente de un diario a la ex viceministra Fiorella Molinelli por supuestamente haberle ofrecido un soborno al contralor general sin aportar indicio más allá de dichos inventados tan grotescamente que recuerdan a la prensa fujimontesinista, a uno de cuyos ‘cerebros’, Daniel Borobio, el mismo medio entrevista hoy como ‘analista político’ a quien aún es prófugo de la justicia peruana.

Está, por último, el infundio contra la jueza Miluska Cano López lanzado por un programa de televisión dominguero que no tuvo reparo en difundir, con entusiasmo e irresponsabilidad, una falsa denuncia de agravio a una menor, lo cual fue analizado y declarado infundado por una fiscalía penal.

La injusticia, en el Perú, no solo ocurre en cortes y fiscalías, sino en otros ámbitos que se llenan la boca sobre la justicia, pero suelen estar en primera línea para violarla, desde el Congreso hasta algunas redacciones periodísticas, los cuales fueron corregidos por esas mismas instancias que critican.