Venecos peruchos

René Gastelumendi

@larepublica_pe

29 Ago 2019 | 2:50 h

“El venezolano no es gil, en modo alguno, es pendejo, a su manera, con mucho que enseñarnos y con mucho por aprender de nosotros”.

De pronto tenemos, números más, números menos, alrededor de un millón de venezolanos conviviendo con nosotros. Más allá de las fricciones con ese nuevo grupo humano que, por su cantidad, naturalmente genera, estamos hablando de un fenómeno migratorio inédito en el país cuyas consecuencias demográficas y culturales aún no conocemos. Se puede predecir, sin embargo, que en unos años veremos los resultados de esta mezcla.

No cabe duda que nuestra mayoritaria cultura andina es potente e imponente, pero la caribeña vaya que también lo es. Con esto quiero decir que, lejos de ser absorbidos o aculturados, se va a producir una fusión entre el huayno y, entre la cumbia y el merengue, entre el reggaetón y la música vernacular, por poner algunos ejemplos.

Pero hay zonas de Lima más criollas, más salseras, como Barrios Altos, La Victoria o el propio Callao, en las que la fusión es aún más interesante porque, por su forma de vestir, por la música que escuchan, por su tradición, por el factor afroperuano, miran más hacia el caribe que hacia el ande. Es en lugares como estos, en donde ya se están llevando a cabo unas fiestas salseras dignas de análisis sociológico, en calles, callejones y quintas en donde los venezolanos caminan y bailan como en su casa, se mimetizan con su gente. Saben bailar mejor que los mismos chalacos y lejos de ser percibidos como un colectivo invasivo, son recibidos con agrado y admiración.

El venezolano no es gil, en modo alguno, es pendejo, a su manera, con mucho que enseñarnos y con mucho por aprender de nosotros. El plano criminal, es otro fenómeno, para otra columna.