Regresemos al tema de fondo

“La justicia se está abriendo paso en nuestro país. Esa parece ser la única salida. No podemos dejar que un grupúsculo de comechados la siga bloqueando”.

Marco Sifuentes
25 08 2019 | 01:22h

Llevo unas cuantas semanas recorriendo el norte del Perú y, desde aquí, compruebo una vez más lo pequeños, ridículos e inconducentes que terminan siendo los líos de callejón de la política limeña. Qué huachafas resultan todas las pretensiones de atraer más turismo –por no hablar de quienes confían en buscar un lugar en la OCDE– a una nación que ni siquiera puede mejorar las condiciones de vida cerca de la primera impresión del país: la salida de su único y ya colapsado aeropuerto internacional. Qué cómico resulta cobrar por bolsas de plástico o prohibir las cañitas en la capital, cuando ciudades como Chiclayo e Iquitos están literalmente sumergidas en toneladas y toneladas de basura hasta donde se extiende la vista.

Detengámonos por un momento en Iquitos y Chiclayo. ¿Qué tienen en común, además de un deterioro abismal en su calidad de vida? Los dos últimos alcaldes de Chiclayo están presos. Los dos últimos gobernadores de Loreto también terminaron en la cárcel. ¿Suena familiar? Sin ir muy lejos, Lima se ha convertido en una federación de ghettos cada vez más desiguales –entre los que es casi imposible trasladarse–, gracias también a dos alcaldes que, si existe la justicia, pasarán sus últimos años en prisión. ¿Y de quién dependía la salida del aeropuerto? ¿No fue acaso de un par de señores que acabaron gritando Chimpún Callao en Piedras Gordas? Al final, el tema de fondo es uno solo: corrupción.

El Perú ha tirado por la borda el insólito crecimiento económico que experimentó este siglo. Nos sirvió para mostrar cifras en un azul muy bonito y que unos cuantos vivamos una bonanza pasajera. Pero gracias a la corrupción, todo eso se perderá en la nada. El país no está preparado para la próxima crisis financiera global ni mucho menos para el colapso climático cada vez más inminente. Los nuevos ricos tarrajeamos la fachada y dejamos pudriéndose las tuberías.

Me voy a corregir. Los líos de callejón de la política peruana son pequeños y ridículos porque hay un sector interesado en convertirlos en eso. En entramparlo todo. En impedir que salgamos de este marasmo. En que nos distraigamos con los dimes y diretes, en vez de seguir afrontando el tema de fondo: la lucha contra la corrupción. Los ejemplos de Chiclayo, de Iquitos, de Lima, del Callao, nos muestran, también, que hay algo que está funcionando. La justicia se está abriendo paso en nuestro país. Esa parece ser la única salida. No podemos dejar que un grupúsculo de comechados la siga bloqueando.