El riesgo del rumbo al limbo político

El pleito será sobre validez de la cuestión de confianza.

Augusto Álvarez Rodrich.
25 08 2019 | 01:14h

Un riesgo creciente del Perú es el rumbo al limbo del entrampamiento institucional entre el Gobierno y el Congreso que se está perfilando, el cual paralizaría al país e impacientaría a la ciudadanía, extendiendo este horror sin final hasta julio de 2021.

Dicho camino es peligroso y se está delineando con mayor posibilidad a la luz de las posiciones cada vez más claras de los protagonistas de un conflicto que ya está en un punto de no retorno y en el que los diálogos que se anuncian entre el presidente de la república y el presidente del congreso pueden ser, en lugar de cumbre para buscar consensos, abismo para la declaratoria formal de la guerra que es el telón de fondo de la política peruana desde julio 2016: vacancia presidencial versus disolución del Congreso.

Por un lado, Vizcarra ha ratificado su propuesta de adelanto electoral para tener nuevas autoridades en julio 2020 mediante una reforma constitucional vía referéndum. En el mensaje del 28 el presidente dejó claro que el archivamiento del proyecto llevaría a una cuestión de confianza que sería la escala del viaje hacia la disolución del Congreso.

Por el otro lado, los mensajes del presidente del congreso Pedro Olaechea y las actitudes de otros miembros de la mayoría fujiaprista definen su estrategia: demorar todo lo que se pueda el debate del proyecto de reforma constitucional para malograr el plazo de la elección; finalmente archivarlo; declarar que una cuestión de confianza en ese tema sería inconstitucional, para lo cual ya están pidiendo opiniones de organismos internacionales, mientras los miembros más anaranjados del TC van adelantando opinión; y mellar la popularidad del presidente llenándolo de denuncias, y señalando que es un gobernante incapaz con la ayuda de una economía cada vez más fría.

Con ello buscarían un entrampamiento institucional por el debate de la procedencia de la cuestión de confianza, dejando al presidente Vizcarra de pato rengo y, eventualmente, reemplazándolo con la VP Mercedes Aráoz.

El telón de fondo de esta ruta que pondría al país en parálisis institucional es una ciudadanía cada vez más impaciente, que al final puede acabar tan molesta con el presidente Vizcarra como ya lo está con el Congreso.