El hombre que no dejaba de ir al cine

“En realidad, el cine nos cambió la vida a todos los que fuimos a una sala cinematográfica después de haber leído a ‘Fico’ De Cárdenas”.

Ángel Páez
23 M08 2019 | 05:10h

Desde que Federico de Cárdenas Martínez se fue de este mundo para disfrutar las películas que amaba junto con los directores a los que confesó su pasión, ya no es lo mismo concurrir al cine. “Fico”, como lo llamábamos en La República, compartió su pasión por el arte cinematográfico en cada artículo que publicaba religiosamente cada semana. Era mucho más que un crítico de cine. Era un verdadero apóstol del cinematografía.

Sus reportajes, entrevistas, crónicas, retratos, opúsculos y apostillas infaliblemente deslumbraban porque su estilo combinaba la información enciclopédica, el detalle inesperado y revelador, y su narrativa era apasionada y placentera. El arte de Federico de Cárdenas consistía en estimular la curiosidad de sus lectores.

Ya no es lo mismo ir al cine sin leer primero a “Fico”. Era la biblioteca británica del cine. La torre de babel del séptimo arte. Federico escribía sobre cine más allá de los consabidos criterios de las cinco estrellas (mala, regular, buena, excelente, extraordinaria). Para él no se trataba de una cuestión de gustos sino de informar en profundidad sobre una película, un director, un gran actor o actriz. Así cinceló una sapiencia que le valió el reconocimiento de quienes buscaban sus artículos todas las semanas.

En el prólogo de El cine de los maestros (PUCP, 2019), una colección de artículos de Federico Cárdenas, se incluye un texto que escribió cuando cumplió 50 años como crítico de cine. Fue la ocasión propicia para que confesara el secreto de su profesión: “¿Conviene decirle al espectador que está ante una gran película, o es mejor decirle lo contrario? En este punto polémico, nuevamente el crítico ha de ejercer su poder de persuasión, pues hay que tener presente que nada aleja más al lector que la perspectiva impuesta, lo imperativo”. Así era “Fico”, delgado, encorvado, silente. Su memoria era asombrosa. Se sabía sin pestañear la fecha del estreno de la película, la identidad de los integrantes del reparto y de los autores de la banda de sonido. Incluso recordaba dónde había visto el largometraje. Sabía mucho porque era un hombre que nunca dejaba de ver una película.

“Sigo pensando que el cine puede cambiar la vida. A mí me la cambió”, dice en el mencionado prólogo, que ahora sabemos escribió como si fuera su despedida. En realidad, el cine nos cambió la vida a todos los que fuimos a una sala cinematográfica después de haber leído a “Fico” De Cárdenas. Por eso desde que se fue para siempre, ya no es lo mismo ir al cine.