Licencia social

“Licencia social” es una entelequia, un ideal que puede ser interpretado de diversas formas porque siempre va a haber alguien que se oponga a la inversión”

René Gastelumendi
15 Ago 2019 | 2:01 h

La frase que titula esta columna, Licencia social, ha sido mencionada hasta el hartazgo estos últimos días en los que el conflicto en torno al proyecto minero Tía María nos ha reventado en la cara debido a la pésima gestión del mismo por parte del presidente Vizcarra. Nadie la puede definir con claridad. Los pecados de otros no lo hacen a uno santo, pero lo cierto es que cada vez que entrevisto a algún analista o político sobre el sempiterno tema de los conflictos sociales, no solo no pueden definir la manida frase, sino que tampoco pueden citar un solo ejemplo de un gobierno que haya sabido manejar adecuadamente los conflictos sociales. Mala comunicación, mala administración, problemas histórico-coloniales de postergación y abandono que persisten hasta hoy, presidente tras presidente. Minorías radicales aprovechan reclamos legítimos para, otra vez, tal como sucede en Lima, optar por el cálculo político antes que por el país y el consenso. Estas protestas son también, cómo no, el trampolín a la fama de personajes locales que se hacen conocidos gracias a la supuesta defensa de los intereses de los más vulnerables y así, construir su carrera hacia una alcaldía o una gobernación regional. Lo paradójico es que el propio Vizcarra es un ejemplo de ello, cuando encabezó las protestas del llamado “Moqueguazo” en 2008. Qué es entonces “Licencia social”, es una entelequia, un ideal, que puede ser interpretado de diversas formas porque siempre va a haber alguien que se oponga a la inversión, y el que se opone tiende a ser más visible que los que apoyan. Cuando las carreteras ya están tomadas, surge otro conflicto: el cómo se impone la ley. Nueva ley general de Minería, urgente, para empezar.