La gran telenovela peruana

“No se puede pensar bien en plena montaña rusa. Más aún cuando estamos en plena pugna entre el Ejecutivo y el Legislativo”

Jorge Bruce
12 08 2019 | 01:40h

En la contratapa de K.O. P.P.K., el escritor Santiago Roncagliolo comenta: “Sifuentes está escribiendo la gran novela peruana. Y es una telenovela”. En efecto, las vueltas de tuerca que da, una y otra vez, nuestra clase política, son dignas de un culebrón de esos que te dejan sin aliento. Cada semana asistimos a un auténtico cliff hanger (quedar colgados del risco), en espera de lo que vendrá en el siguiente episodio.

Y es adictivo.

Ahora bien, las sustancias adictivas tienen dos características: dependencia y habituación. La primera es conocida: si no tenemos nuestra dosis, sufrimos el síndrome de abstinencia. La segunda significa que nuestro organismo se va adaptando y, por ende, requiere de cantidades cada vez más elevadas para alcanzar el estado provisional de saciedad.

El gran “dealer” de los peruanos en los últimos tiempos ha sido un tal Odebrecht. Su apellido no lo indica pero todos saben que proviene de Brasil. A través de ingeniosos “codinomes” (nombres en código o, si prefieren, apodos) nos ha ido suministrando gradualmente informaciones que comprometen desde funcionarios de poca monta hasta algunos de los personajes más poderosos de la política, la empresa y los medios del Perú.

La presa más reciente, una que parecía capaz de pasar entre las mallas de las redes más finas, es el exalcalde Castañeda. En este caso ha sido la competencia de Odebrecht: OAS. Su antiguo socio, Martín Bustamante, se ha declarado colaborador eficaz y prometido cantar todo lo que el mudo había logrado callar.

En el camino han sucedido cosas tan asombrosas que ya, como decíamos líneas atrás, nos hemos vuelto cada vez más exigentes. El suicidio de Alan García, por ejemplo, es un acontecimiento de tal magnitud que hemos optado, tal como se hace cuando ocurre algo tan traumático que desafía nuestra capacidad de asimilación, por dejarlo para más adelante. Inútil recordar la lista de Presidentes presos o prófugos de nuestra historia reciente, así como líderes políticos tales como Keiko Fujimori.

Las consecuencias de toda esta situación vertiginosa aún no están claras. No se puede pensar bien en plena montaña rusa. Más aún cuando estamos en plena pugna entre el Ejecutivo y el Legislativo. Entretanto, Marco Sifuentes aguarda agazapado para escribir el siguiente episodio de su, a pesar de todo, apasionante telenovela.