La izquierda frente a la elección 2020

Su respaldo al gobernador de Arequipa es inaceptable.

Augusto Álvarez Rodrich.
6 08 2019 | 01:31h

Un error de la izquierda sería confundirse hasta creer que el gobernador de Arequipa, Elmer Cáceres, es de izquierdas, cuando solo es un oportunista de cualquier pelaje que usa Tía María de trampolín a la fama.

Aunque peor que eso es ponerse de furgón de cola, como lo hacen los líderes de las dos bancadas de izquierda: Marco Arana (Frente Amplio) y Verónika Mendoza (Nuevo Perú).

Esto es clave cuando Cáceres dirige, desde hace un mes, acciones violentas y sin capacidad de diálogo, para conseguir los muertos que él necesita para construir su futuro político, incluyendo el paro indefinido lanzado ayer.

Esta columna cree que la oposición a Tía María es un error –aunque este es un asunto sobre el que se puede discrepar–, pero ni Arana ni Mendoza se han desmarcado de los métodos violentistas, las posiciones antidemocráticas, y los agravios inaceptables de Cáceres, una autoridad regional que carga con acusaciones de violación de mujeres, todo lo cual, a diferencia de lo anterior, no puede ser materia opinable.

No tomar distancia de este gobernador que se comporta como troglodita sugiere una ingenuidad digna de mejor causa por parte de la izquierda, o un oportunismo lamentable.

Especialmente cuando el permiso entregado a Tía María es, en la práctica, un papel sin consecuencias reales, como se encarga de recordarlo el presidente Vizcarra casi todos los días, otra expresión de la forma dubitativa que domina al gobierno en varios terrenos.

No todos en la izquierda piensan así. Por solo ver lo que pasa en el congreso, hay revelaciones valiosas en lo que va de este accidentado lustro político, como Richard Arce o Alberto Quintanilla, quienes no dejan de discrepar con Tía María, pero a quienes no se les percibe el oportunismo y la escasa vocación de diálogo que sí se observa en varios de sus colegas de izquierda.

Esta es una más de las expresiones que transmite la izquierda peruana y que llevan a dudar de su real capacidad de plantear una agenda valiosa y estimulante del futuro del país en donde la propuesta vaya antes que la protesta, y sin lo cual será difícil que atraiga a un electorado ansioso de encontrar salidas a sus problemas en las elecciones que ya están a la vuelta de la esquina.