Zombies al por mayor

René Gastelumendi

@larepublica_pe

01 Ago 2019 | 1:39 h

“Por más rechazo aparente que pueda generar, representa un consuelo frente a la muerte”.

La coyuntura actual nos recuerda que muchos de los integrantes de nuestra clase política están a punto de convertirse en zombies, si es que no lo son ya.

En el ámbito del entretenimiento, sin embargo, aunque a veces es lo mismo, el mercado de cines y series explota, hasta la saciedad, esa extraña predilección que muchos tienen por la temática de los muertos vivientes. Ya nadie puede negar que los zombies son criaturas muy comerciales que en las últimas décadas se han convertido en todo un fenómeno de masas.

Basta con ver hoy Netflix, por ejemplo, en donde hay por lo menos 8 series de este corte, apenas diferenciadas por sus guiones mediocres que siempre llevan a lo mismo: la amenaza de que la especie humana sea borrada del planeta por una subespecie sin alma, de aspecto horripilante y dominada por su instinto animal más primitivo, de allí que se alimenta de nosotros para, de paso, convertirnos en ellos.

Aquí ensayo un par de explicaciones sobre ese morbo hacia los zombies. Una puede ser el hecho de que un zombie, por más rechazo aparente que pueda generar, representa un consuelo frente a la muerte, una esperanza de que después de ella, hay algo más, pues lo que en verdad nos aterra es la inminencia de “la nada” y no convertirnos en zombies.

Otra, podría ser que todos en algunos momentos de nuestras vidas nos sentimos rodeados de zombies, si es que no nos sentimos, nosotros mismos: entidades autómatas, de rebaño, sin capacidad de tomar decisiones, balbuceantes y con una sola consigna: sobrevivir. Un muerto viviente.