Un policía asesinado por marinos

Rocío Silva Santisteban
23 M07 2019 | 01:37h

El 7 de julio de 1984, Rigoberto Tenorio Roca y su esposa se trasladaban en ómnibus desde Huanta a Huamanga, Ayacucho. Un viaje de rutina que no implica ningún riesgo sino la esperanza de trabajar como jefe de reclutamiento militar: Tenorio había ganado por concurso público el cargo. Pero en esa época trasladarse de un lugar a otro en Ayacucho sí implicaba enfrentarse con la muerte: sea de Sendero Luminoso y su demencia asesina o de las patrullas antisubversivas en estado de emergencia sospechando de medio mundo.

A la altura de Huayhuas el bus fue interceptado por una patrulla compuesta por treinta infantes de la Marina de Guerra, diez de ellos solicitaron la identificación de los pasajeros y al encontrar a Tenorio Roca los marinos le cubrieron el rostro y se lo llevaron en una tanqueta. Nunca más ha sido visto. Su esposa Cipriana Huamaní lo buscó ante las autoridades militares como en la Fiscalía. Nunca lo encontró: ni ahora. Sus restos jamás han aparecido, así como los de 20 mil peruanos que deberían constituir escándalo nacional. Pero ¡tantos miran hacia ese pasado con una indiferencia tan cruel!

Rigoberto Tenorio trabajaba enseñando instrucción premilitar en el colegio González Vigil en Huanta, lugar en donde residía con su familia, pero durante muchos años fue policía de la Guardia Republicana. En el mismo colegio también estudiaba su hijo Jorge. Cuenta Cipriana que Jorge solía acercarse al aula en donde se encontraba su padre y tocaba la ventana, su papá lo veía y salía a darle propina y a hacerle cariño. Después de su desaparición Jorge miraba permanentemente el aula y le contaba a su mamá que lo buscaba por todo el colegio, acompañándola a ella: “Yo siempre lo he buscado en la base militar, en la Fiscalía, así viuda, enfrentando como sea la vida”.

Este miércoles 26 de julio a las 4:00 p.m. en el LUM se realizará la ceremonia de reparación simbólica: el Estado peruano pedirá perdón por la responsabilidad de la desaparición de Rigoberto Tenorio cumpliendo con el mandato de la sentencia del 22 de junio de 2016 de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Un paso tímido hacia la reconciliación.