Sembrando para la izquierda

Juan Tafur
21 Jul. 2019 | 05:11h

El penoso desenlace de Alejandro Toledo le coloca el puntillazo final al proceso político inaugurado luego de la implosión del fujimorismo, comúnmente denominado el periodo de la transición democrática.

Todos los gobernantes que sucedieron a Valentín Paniagua están comprometidos en el escándalo Lava Jato. Unos más que otros, algunos aún con algún grado de incertidumbre, pero mediana o directamente tocados por el trasiego de corrupción desplegado en el país.

Es inevitable que esta caída en desgracia de los voceros de la democracia recuperada luego del autoritarismo de los 90 repercuta políticamente en el futuro inmediato. A pesar de los notables esfuerzos fiscales y judiciales en la lucha anticorrupción, la gente está irritada. El voto del 2021 va a ser un acto de malhumor. La corrupción descubierta ha calado hondo en el desapego ciudadano de la democracia y sus cauces de relativa normalidad.

En principio, el gran beneficiario de este descrédito del establishment debiera haber sido el fujimorismo, bajo cuya referencia negativa se construyó la narrativa de la transición, pero la increíble torpeza política de Keiko Fujimori ha logrado sepultar (por lo menos en lo que a ella concierne para el 2021), cualquier posibilidad de desagravio colectivo de los 90, vilipendiados por una clase política que demostró ser tan o más corrupta que el fujimorismo auroral.

El saldo, sin embargo, está muy lejos de ser tranquilizador. No se vislumbra en el horizonte centrista o derechista algún partido o candidato capaz de empinarse sobre los escombros y de expresar algún aliento que siembre optimismo en la desencantada ciudadanía.

Las apuestas disruptivas, radicales, refundacionales, provienen, más bien, de la izquierda, la que, de seguir el pasmo centroderechista, será quien coseche a manos llenas el 2021.

La centroderecha no está leyendo correctamente la coyuntura. El desastre de la transición post fujimorista exige plantar cara a una propuesta de cambio. La gente lo pide y en esa medida va a calificar a los candidatos que se presenten. Y hasta el momento, solo se aprecia ese esfuerzo regenerativo desde la izquierda.

De mantenerse las cosas como están, el gran destino del voto molesto será la izquierda. E importará poco la campaña de la derecha atribuyéndole las experiencias fallidas de Ollanta Humala y Susana Villarán, porque justamente la izquierda que tendremos al frente el 2021 acusa a ambos de haberse centrado en aras de contentar a la derecha. En esa medida, no se sienten corresponsables y la radicalidad de su discurso, sin duda hará difícil emparentarlos. Impacto electoral no tendrá esta campaña.

Tampoco servirá de cauce de contención centrista o derechista la creciente clase media en el país, que si bien es mayoritaria ve tambalear su presunta conciencia política o ideológica al son del medible deterioro de la economía. El instinto de conservación del statu quo alcanzado cederá su paso al afán de modificar de raíz el escenario político y económico.

El reclamo de cambio constitucional y de alteración del orden macroeconómico puede parecer absurdo y disparatado para la derecha, pero satisface el deseo popular de patear el tablero y empezar todo de nuevo, que la corrupción alimenta.

-La del estribo: a propósito de la feria del libro, algunos títulos de interés: Vizcarra, de la periodista Rafaella León; Vizcarra: una breve historia de lealtad y traición, de Martín Riepl; La revolución de los arrendires. Una historia personal de la reforma agraria, de Rolando Rojas; Primero muerta, de Lorena Álvarez; Velasco, el fracaso de una revolución autoritaria, por Luis Pásara; y K.O. P.P.K., por Marco Sifuentes. Seguiremos informando.