¿Disolverá Vizcarra el Congreso?

Augusto Álvarez Rodrich.
16 Jul. 2019 | 06:18h

Una pregunta frecuente hoy es si el presidente Martín Vizcarra disolverá el congreso si, como parece, este no aprueba los seis proyectos de reforma política que le envió.

Faltan nueve días para el plazo del 25 de julio fijado por el gobierno al congreso. Hasta ahora, el pleno solo ha aprobado uno; dos –democracia interna e impedimentos para ser candidato– están atracados en dictámenes; y tres ni se han debatido en la comisión de constitución: paridad y voto preferencial, inmunidad, y sanción penal por financiamiento ilegal de partidos.

La semana pasada el presidente Vizcarra dijo que “no estoy contento con los resultados que está mostrando el congreso, pero parece que esa es su forma de trabajar, avanza lento y cuando está por vencerse el plazo ahí acelera la discusión”, y la presidenta de la comisión de constitución, Rosa Bartra, respondió que “el parlamento en general ni ningún poder del estado existe para contentar al otro”, y le sugirió coordinar con el premier Salvador del Solar insinuando que el mensaje de este había sido distinto al suyo.

Parece poco probable, sin embargo, que aun si quisiera hacerlo, el presidente proceda a disolver el congreso apelando a la cuestión de confianza otorgada hace mes y medio.

Primero, porque no es sencillo proceder de ese modo asumiendo una cuestión de confianza ‘diferida’. Segundo, porque aun aprobando todos los proyectos, aunque no al gusto del presidente, el debate sobre si se respetó ‘la esencia’ de los originales puede ser un tanto subjetiva y no llegar a tener la contundencia que necesita una decisión tan grave como el cierre del parlamento. Tercero, porque una decisión como esa paralizaría la economía más de lo que ya está ahora, un asunto que le está pasando factura al gobierno.

Habiendo sido esta columna favorable en un momento a disolver el congreso por la obstaculización del fujiaprismo, y no obstante su mediocridad y corrupción, cree que todo tiene su momento y que el actual no es propicio.

Quizá la aprobación parcial de las reformas en el congreso y la consulta de lo pendiente en un referéndum podría ser un mejor camino. O encontrar luego una justificación y oportunidad más sólida, porque la actual no lo es.