Migrantes: discutir seriamente

“La crisis venezolana tiene hoy como una de sus expresiones más visibles la masiva e imparable inmigración y afectará el desarrollo de nuestras sociedades”.

Alberto Adrianzén
11 07 2019 | 01:07h

Según la OEA la proyección de inmigrantes y refugiados venezolanos podría llegar a cifras nunca vistas en la región: entre 5.3 y 5.7 millones para finales del 2019 y entre 7.5 millones y 8.2 millones a finales del 2020 (Informe de la OEA: sobre migrantes y refugiados venezolanos en la región). De otro lado, según datos del gobierno mexicano, solo en lo que va del año “abandonaron Centroamérica más de 500 mil personas”. De acuerdo al diario alemán (Der Tagesspiegel) han muerto intentando cruzar el Mar Mediterráneo para llegar a las costas europeas 33,293 personas. Según la ONU los desplazados y refugiados en el mundo han pasado de 65.5 millones en el 2016 a 70.8 millones en el 2018. Toda una catástrofe humanitaria.

Estos datos muestran que el tema de la inmigración y el refugio que viven países lejanos del África o Asia ha llegado, finalmente, a América Latina y, en particular a América del Sur y al Perú. Según cifras oficiales, en el mes de abril de este año habría en nuestro país un poco más de 750 mil venezolanos (algunas fuentes afirman que serían más de 800 mil) y según también una encuesta del INEI el 90% de ellos piensa quedarse a vivir en el país. Un verdadero shock demográfico.

No es extraño, en este contexto, que el Secretario de General de la OEA, Luis Almagro, enemigo del gobierno de Maduro, haya propuesto “otorgar a los venezolanos el estatus de refugiados a través de la Declaración de Cartagena de 1984 que expande y amplía el concepto refugio” para todas las personas que huyen de sus países por razones políticas, agresión externa, violación de derechos humanos y otras causas. Se sabe que la propuesta tanto de Almagro como del Grupo de Trabajo sobre la migración venezolana no fue aprobada en la última Asamblea de la OEA. Lo que se buscaba era darles el estatus de refugiados a todos los venezolanos que salen de su país y una tarjeta de identidad regional “para que puedan desplazarse de un país a otro sin mayores restricciones” (El País: 30/06/19). En estos últimos días países como Chile y Perú han puesto más restricciones al ingreso de venezolanos.

Soy de la opinión que la crisis venezolana tiene hoy como una de sus expresiones más visibles la masiva e imparable inmigración y que ello va a afectar el desarrollo de nuestras sociedades alcanzando la importancia política, social y electoral que hoy tienen en Europa los inmigrantes y refugiados. Es decir, el desarrollo de movimientos de ultraderecha y xenófobos que levantan banderas chauvinistas contrarias al progresismo.

Ello nos lleva a dos temas. El primero, la necesidad de apoyar una solución negociada, pacífica y democrática de la crisis venezolana sobre la base del respeto al derecho internacional y a las personas. Dejando de lado políticas como el bloqueo económico y las amenazas de intervención militar como acaba de hacer Guaidó al plantear el “ingreso” de Venezuela al TIAR, ya que ello ahondará la crisis. Y segundo, discutir seriamente el tema de la inmigración y los refugiados.

Slavoj Zizek, en su libro “La nueva lucha de clases. Los refugiados y el terror”, afirma que tanto las propuestas de los “liberales de izquierda” que “expresan su indignación ante el hecho de que Europa permita que miles de personas se ahoguen en el mediterráneo”, como las de los “populistas antinmigración que afirman que deberíamos proteger nuestro modo de vida”, no solo son malas, sino que “son las peores”. Es hora, pues, de discutir seriamente.